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LOVECRAFTLOGIA
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| Nueva Logia del Tentáculo |
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Estimados Neologios:
Por fin he decidido y he sacasado tiempo para poder escribir en el foro. Veo que nuestro inscansable amigo Armitage sigue mantiendiendo el foro activo que ultimamente padece un escasez de contenido. La verdad es que la situacion que vivimos ahora mismo puede que sea un sintoma que está afectando tambien a nuestro creativo dentro del cícrulo. Yo por mi parte puedo decir que me encuentro ultimamente con un muy pocas fuerzas para poder escribir y con pocas ganas de hacerlo por diversos motivos, pero no por ello dejo de pensar en nuestra logia. Actualmente padezco graves trastornos de salud que me impiden poder participar como antaño he hecho. Pero es un gran alivio saber que nuestro querido amigo armitage continua trabajando en ello con ainco. Creo que la situacion actual que todos estamos viviendo es un claro sintoma de la escasez de contenido en el foro y en el cual me incluyo. En mi vision personal veo una epoca bastante gris donde todo cuanto nos rodea está plagado de mentiras, destruccion y despotismo que dista mucho de poder solucionarse a corto plazo. Ahora mismo mi estado de ánimo es un caos que me mantiene en una carcel creativa. Llevo casi más de un año para terminar una colaboracion en la que tenia volcadas ciertas espectativas, pero que cada día que avanza no logro superar. Espero poder brindaros en algun momento este material que hace ya mucho tiempo prometí pero, realmente, no puedo decir cuando será. Aún así creo que la logia es un lugar de encuentro de gran valor para mi y que durante estos años me ha brindado la posibilidad de compartir con todos vosotrs infinidad de opiniones, comentarios y discusiones sanas, y que en muchos momentos hecho de menos. Alguno de nuestro compañeros nos han dejado. Pero creo que la nueva logia siempre será siempre in instrumento para mantenerles vivos en nuestra memoria. Con todo esto tan solo quiero decir que ha pesar de todo ello sigo pensando en nuestra logia como una fuente creativa muy importante y que para mi lo seguirá siendo a pesar de mi escasa colaboración con ella en estos ultimos años. Espero poder escribir más a menudo y espero que todo uds sigan aquí para poder compratirlo. Deseo tambien que todos los problemas que nos atenazan en estos tiempos de incertidumbre no hayan tocado a ninguno de nuestros compatriotas, porque he de decir que actualmente parece que vivimos en un mundo plagado de caos y mutilacion social que , en muchas ocasiones, parece acabar con nosotros. Espero que eso no haya ocurrido. Desde aquí quisiera mandaros a todos un fuerte abrazo y palabras de animo para poder volver a transformar la logia en lo que es. Un lugar de encuentro y de interaccion sociocultural y creativa. Un fuerte abrazo. Albert N. Wilmarth |
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Estimados Neologios:
Por fin he decidido y he sacasado tiempo para poder escribir en el foro. Veo que nuestro inscansable amigo Armitage sigue mantiendiendo el foro activo que ultimamente padece un escasez de contenido. La verdad es que la situacion que vivimos ahora mismo puede que sea un sintoma que está afectando tambien a nuestro creativo dentro del cícrulo. Yo por mi parte puedo decir que me encuentro ultimamente con un muy pocas fuerzas para poder escribir y con pocas ganas de hacerlo por diversos motivos, pero no por ello dejo de pensar en nuestra logia. Actualmente padezco graves trastornos de salud que me impiden poder participar como antaño he hecho. Pero es un gran alivio saber que nuestro querido amigo armitage continua trabajando en ello con ainco. Creo que la situacion actual que todos estamos viviendo es un claro sintoma de la escasez de contenido en el foro y en el cual me incluyo. En mi vision personal veo una epoca bastante gris donde todo cuanto nos rodea está plagado de mentiras, destruccion y despotismo que dista mucho de poder solucionarse a corto plazo. Ahora mismo mi estado de ánimo es un caos que me mantiene en una carcel creativa. Llevo casi más de un año para terminar una colaboracion en la que tenia volcadas ciertas espectativas, pero que cada día que avanza no logro superar. Espero poder brindaros en algun momento este material que hace ya mucho tiempo prometí pero, realmente, no puedo decir cuando será. Aún así creo que la logia es un lugar de encuentro de gran valor para mi y que durante estos años me ha brindado la posibilidad de compartir con todos vosotrs infinidad de opiniones, comentarios y discusiones sanas, y que en muchos momentos hecho de menos. Alguno de nuestro compañeros nos han dejado. Pero creo que la nueva logia siempre será siempre in instrumento para mantenerles vivos en nuestra memoria. Con todo esto tan solo quiero decir que ha pesar de todo ello sigo pensando en nuestra logia como una fuente creativa muy importante y que para mi lo seguirá siendo a pesar de mi escasa colaboración con ella en estos ultimos años. Espero poder escribir más a menudo y espero que todo uds sigan aquí para poder compratirlo. Deseo tambien que todos los problemas que nos atenazan en estos tiempos de incertidumbre no hayan tocado a ninguno de nuestros compatriotas, porque he de decir que actualmente parece que vivimos en un mundo plagado de caos y mutilacion social que , en muchas ocasiones, parece acabar con nosotros. Espero que eso no haya ocurrido. Desde aquí quisiera mandaros a todos un fuerte abrazo y palabras de animo para poder volver a transformar la logia en lo que es. Un lugar de encuentro y de interaccion sociocultural y creativa. Un fuerte abrazo. Albert N. Wilmarth |
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Puzzle
Das un paso atrás para volver al mismo lugar. Intentas salir por la puerta atrás, Pero te das cuentas que hay demasiados Muros que debe derribar. No hay nadie tras las ventanas, Tan solo un sentimiento de soledad Que se queda y no se va, Quien te cuidará esta noche? Hoy solo es un pasado de ayer Y no sabes que fue lo que pasó, Que te llevó a aquella situación Para acabar encerrado en esta habitación. Muros que se convierten en una cárcel De recuerdos tormentosos que no Te dejan vivir como quieres, Sentimientos que te golpean como puños de acero. Hace frío pero los cálidos rayos del sol atraviesan el cristal. Dentro te retuerces entre sudores fríos viviendo Un pasado que te atormenta una y otra vez. Que hice para merecer esto? Mi cuerpo ya no es cálido, Tan solo un cadáver putrefacto Que parece sumido en el olvido, Pensando en cómo salvar lo que has perdido. Ya no sabes quién es culpable y quien inocente; La justicia carece de significado en un mundo cruel Donde una sola chispa aviva las llamas de un infierno Que se propaga por momentos. El tiempo parece carecer de significado Y el reloj su tic tac ha parado. Las manecillas ya no se mueven. Crees que estás en cerrado. Quieres reparar aquello que se ha roto; Volver a juntar las piezas de un puzle que no encajan Y que por más que lo intentes no se logra completar ¿Cuáles son las piezas que faltan? Puede que sea mejor parar de buscar y esperar. Quizás una mañana encuentres aquello que perdiste O decidas no buscar más, Porque has perdido la única pieza que lo hacía encajar. |
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Trailer for "Die Farbe", a German film adaptation of "The Colour Out of Space" by H.P. Lovecraft http://www.youtube.com/watch?v=4t-MxVyublk |
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http://www.youtube.com/watch?v=eoCG8CJlvVo |
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Una prueba fehaciente de la viveza mental de Ammi es que en aquel momento de suprema tensión se sintió intrigado por algo que era fundamentalmente científico. Se preguntó cómo era posible recibir la misma impresión de una corriente de vapor deslizándose en pleno día por una ventana abierta al cielo matinal, y de una fosforescencia nocturna proyectándose contra el negro y desolado paisaje. No era lógico..., resultaba antinatural... Y entonces recordó las últimas palabras pronunciadas por su desdichado amigo: "Procede de algún lugar donde las cosas no son como aquí..., uno de los profesores lo dijo..." Los tres caballos que se encontraban en el exterior de la casa, atados a unos árboles junto al camino, estaban ahora relinchando y coceando frenéticamente. El conductor del carro se dirigió hacia la puerta para ver qué sucedía, pero Ammi apoyó una mano en su hombro. -No salga usted -susurró-. No sabemos lo que sucede ahí afuera. Nahum dijo que en el pozo vivía algo que sorbía la vida. Dijo que era algo que había surgido de una bola redonda como la que vimos dentro del meteorito que cayó aquí hace más de un año. Dijo que quemaba y sorbía, y que era una nube de color como la fosforescencia que ahora sale del pozo, y que nadie puede saber lo que es. Nahum creía que se alimentaba de todo lo viviente y afirmó que lo había visto la pasada semana. Tiene que ser algo caído del cielo, igual que el meteorito, tal como dijeron los profesores de la Universidad. Su forma y sus actos no tienen nada que ver con el mundo de Dios. Es algo que procede del más allá. De modo que el hombre se detuvo, indeciso, mientras la fosforescencia que salía del pozo se hacía más intensa y los caballos coceaban y relinchaban con creciente frenesí. Fue realmente un espantoso momento; con los restos monstruosos de cuatro personas -dos en la misma casa y dos en el pozo-, y aquella desconocida iridiscencia que surgía de las fangosas profundidades. Ammi había cerrado el paso al conductor del carro llevado por un repentino impulso, olvidando que a él mismo no le había sucedido nada después de ser rozado por aquella horrible columna de vapor en la habitación del ático, pero no se arrepentía de haberlo hecho. Nadie podía saber lo que había aquella noche en el exterior; nadie podía conocer la índole de los peligros que podían acechar a un hombre enfrentado con una amenaza completamente desconocida. De repente, uno de los policías que estaba en la ventana profirió una exclamación. Los demás se le quedaron mirando, y luego siguieron la dirección de los ojos de su compañero. No había necesidad de palabras. Lo que había de discutible en las habladurías de los campesinos ya no podría ser discutido en adelante porque allí había seis testigos de excepción, media docena de hombres que, por la índole de sus profesiones, no creían más que lo que veían con sus propios ojos. Ante todo es necesario dejar sentado que a aquella hora de la noche no soplaba ningún viento. Poco después empezó a soplar, pero en aquel momento el aire estaba completamente inmóvil. Y, sin embargo, en medio de aquella tensa y absoluta calma, los árboles del patio estaban moviéndose. Se movían morbosa y espasmódicamente, agitando sus desnudas ramas, en convulsivas y epilépticas sacudidas, hacia las nubes bañadas por la luz de la luna; arañando con impotencia el aire inmóvil, como empujados por una misteriosa fuerza subterránea que ascendiera desde debajo de las negras raíces. Por espacio de unos segundos todos los hombres reunidos en la granja de Gardner contuvieron el aliento. Luego, una nube más oscura que las demás veló la luna, y la silueta de las agitadas ramas se disipó momentáneamente. En aquel instante un grito de espanto se escapó de todas las gargantas, ya que el horror no se había desvanecido con la silueta, y en un pavoroso momento de oscuridad más profunda los hombres vieron retorcerse en la copa del más alto de los árboles un millar de diminutos puntos fosforescentes, brillando como el fuego de San Telmo o como las lenguas de fuego que descendieron sobre las cabezas de los Apóstoles el día de Pentecostés. Era una monstruosa constelación de luces sobrenaturales, como un enjambre de luciérnagas necrófagas bailando una infernal zarabanda sobre una ciénaga maldita; y su color era el mismo que Ammi había llegado a reconocer y a temer. Entretanto, la fosforescencia del pozo se hacía cada vez más brillante, infundiendo en los hombres reunidos en la granja una sensación de anormalidad que anulaba cualquier imagen que sus mentes conscientes pudieran formar. Ya no brillaba: estaba vertiéndose hacia afuera. Y mientras la informe corriente de indescriptible color abandonaba el pozo, parecía flotar directamente hacia el cielo. El veterinario se estremeció y se acercó a la puerta para echar la doble barra. Ammi estaba también muy impresionado y tuvo que limitarse a señalar con la mano, por falta de voz, cuando quiso llamar la atención de los demás sobre la creciente luminosidad de los árboles. Los relinchos de los caballos se habían convertido en algo espantoso, pero ni uno solo de aquellos hombres se hubiese aventurado a salir por nada del mundo. El brillo de los árboles fue en aumento, mientras sus inquietas ramas parecían extenderse más y más hacia la verticalidad. De pronto se produjo una intensa conmoción en el camino, y cuando Ammi alzó la lámpara para que proyectara un poco más de claridad al exterior, comprobaron que los frenéticos caballos habían roto sus ataduras y huían enloquecidos con el carro. La impresión sirvió para soltar varias lenguas y se intercambiaron inquietos susurros. -Se extiende sobre todas las cosas orgánicas que hay por aquí -murmuró el médico forense. Nadie contestó, pero el hombre que había bajado al pozo aventuró la opinión de que su pértiga debió de haber removido algo intangible. -Fue algo terrible -añadió-. No había fondo de ninguna clase. Únicamente fango, y burbujas, y la sensación de algo oculto debajo... El caballo de Ammi seguía coceando y relinchando desesperadamente en el camino exterior y casi ahogó el débil sonido de la voz de su dueño mientras éste murmuraba sus deshilvanadas reflexiones. -Salió de aquella piedra..., fue creciendo y alimentándose de todas las cosas vivas...; se alimentaba de ellas, alma y cuerpo... Thad y Merwin, Zenas y Nabby... Nahum fue el último... Todos bebieron agua del... Se apoderó de ellos... Llegó del más allá, donde las cosas no son como aquí..., y ahora regresa al lugar de donde procede... En aquel momento, mientras la columna de desconocido color brillaba con repentina intensidad y empezaba a entrelazase, con fantásticas sugerencias de forma que cada uno de los espectadores describió más tarde de un modo distinto, el desdichado Hello profirió un aullido que ningún hombre había oído nunca salir de la garganta de un caballo. Todos los que estaban en la casa se taparon los oídos, y Ammi se apartó de la ventana horrorizado. Cuando miró de nuevo hacia el exterior, el pobre animal yacía inerte en el suelo bañado por la luz de la luna entre las astilladas varas de la calesa. Y allí se quedó hasta que lo enterraron al día siguiente. Pero el momento presente no permitía entregarse a lamentaciones, ya que casi en el mismo instante uno de los policías les llamó silenciosamente la atención sobre algo terrible que estaba sucediendo en el interior de la habitación donde se encontraban. Donde no alcanzaba la claridad de la lámpara podía verse una débil fosforescencia que había empezado a invadir toda la estancia. Brillaba en el suelo de tablas y en la raída alfombra, y resplandecía débilmente en los marcos de las pequeñas ventanas. Corría de un lado para otro, llenando puertas y muebles. A cada momento se hacía más intensa, y al final se hizo evidente que las cosas vivientes debían abandonar enseguida aquella casa. Ammi les mostró la puerta trasera y el camino que conducía a las tierras altas. Avanzaron con paso inseguro, como sonámbulos, y no se atrevieron a mirar atrás hasta que llegaron al camino del Norte. Ninguno de ellos hubiera osado pasar por el camino que discurría junto al pozo... Cuando miraron atrás, hacia el valle y la distante granja de Gardner, contemplaron un horrible espectáculo. Toda la granja brillaba con el espantoso y desconocido color; árboles, edificaciones e incluso la hierba que no había sido transformada aún en quebradiza y gris. Las ramas estaban todas extendidas hacia el cielo, coronadas con lenguas de fuego, y radiantes goterones del mismo monstruoso fuego ardían encima de la casa, del granero y de los cobertizos. Era una escena de una visión de Fusell, y sobre todo el resto reinaba aquella borrachera de luminoso amorfismo, aquel extraño arco iris de misterioso veneno del pozo..., hirviendo, saltando, centelleando y burbujeando malignamente en su cósmico e irreconocible cromatismo. Luego, súbitamente, la horrible cosa salió disparada verticalmente hacia el cielo, como un cohete o un meteoro, sin dejar ningún rastro detrás de ella y desapareciendo a través de un redondo y curiosamente simétrico agujero abierto en las nubes, antes de que ninguno de los hombres pudiera expresar su asombro. Ningún espectador podría olvidar nunca aquel espectáculo, y Ammi se quedó mirando estúpidamente el camino que habla seguido el color hasta mezclarse con las estrellas de la Vía Láctea. Pero su mirada fue atraída inmediatamente hacia la tierra por el estrépito que acababa de producirse en el valle. Había sido un estrépito, y no una explosión, como afirmaron algunos de los componentes del grupo. Pero el resultado fue el mismo, ya que en un caleidoscópico instante la granja y sus alrededores parecieron estallar, enviando hacia el cenit una nube de coloreados y fantásticos fragmentos. Los fragmentos se desvanecieron en el aire, dejando una nube de vapor que al cabo de un segundo se había desvanecido también. Los asombrados espectadores decidieron que no valía la pena esperar a que volviera a salir la luna para comprobar los efectos de aquel cataclismo en la granja de Nahum. Demasiado asustados incluso para aventurar alguna teoría, los siete hombres regresaron a Arkham por el camino del Norte. Ammi estaba peor que sus compañeros y les suplicó que lo acompañaran hasta su casa en vez de dirigirse directamente al pueblo. Por nada del mundo hubiera cruzado el bosque solo a aquella hora de la noche. Estaba más asustado que los demás porque había sufrido una impresión que los otros se habían ahorrado, y se sentía oprimido por un temor que por espacio de muchos años no se atrevió a mencionar. Mientras el resto de los espectadores en aquella tempestuosa colina había vuelto estólidamente sus rostros al camino, Ammi había mirado hacia atrás por un instante para contemplar el sombrío valle de desolación al que tantas veces había acudido. Y había visto algo que se alzaba débilmente para hundirse de nuevo en el lugar desde el cual el informe horror había salido disparado hacia el cielo. Era solamente un color..., aunque no era ningún color de nuestra tierra ni de los cielos. Y porque Ammi reconoció aquel color, y supo que sus últimos y débiles restos debían seguir ocultos en el pozo, nunca ha estado completamente cuerdo desde entonces. Ammi no se acercaría a aquel lugar por nada del mundo. Hace cuarenta y cuatro años que sucedieron los hechos que acabo de narrar, pero Ammi no ha vuelto a pisar aquellas tierras y le alegra saber que pronto quedarán enterradas debajo de las aguas. También a mí me alegra la idea, ya que no me gustó nada ver cómo cambiaba de color la luz del sol al reflejarse en aquel abandonado pozo. Espero que el agua será siempre muy profunda, pero aunque así sea nunca la beberé. No creo que regrese a la región de Arkham. Tres de los hombres que habían estado con Ammi volvieron al día siguiente para ver las ruinas a la luz del día, pero en realidad no había ruinas. Únicamente los ladrillos de la chimenea, las piedras de la bodega, algunos restos minerales y metálicos, y el brocal de aquel nefando pozo. A excepción del caballo de Ammi, que enterraron aquella misma mañana, y de la calesa, que no tardaron en devolver a su dueño, todas las cosas que habían tenido vida habían desaparecido. Sólo quedaban cinco acres de desierto polvoriento y grisáceo, y desde entonces no ha crecido en aquellos terrenos ni una brizna de hierba. En la actualidad aparece como una gran mancha comida por el ácido en medio de los bosques y campos, y los pocos que se han atrevido a acercarse por allí a pesar de las leyendas campesinas le han dado el nombre de "erial maldito". Las leyendas campesinas son muy extrañas. Y podrían ser incluso más extrañas si los hombres de la ciudad y los químicos universitarios tuvieran el interés suficiente para analizar el agua de aquel pozo olvidado, o el polvo gris que ningún viento parece dispersar. Los botánicos podrían estudiar también la sorprendente flora que crece en los límites de aquellos terrenos, ya que de este modo podrían confirmar o refutar lo que dice la gente: que la zona emponzoñada está extendiéndose poco a poco, quizás una pulgada al año... La gente dice que el color de la hierba que crece en aquellos alrededores no es el que le corresponde y que los animales salvajes dejan extrañas huellas en la nieve cuando llega el invierno. La nieve no parece cuajar tanto en el erial maldito como en otros lugares. Los caballos -los pocos que quedan en esta época motorizada- se ponen nerviosos en el silencioso valle; y los cazadores no pueden acercarse con sus perros a las inmediaciones del erial maldito. Dicen también que las influencias mentales son muy malas, y que todos los que han tratado de establecerse allí, extranjeros en su inmensa mayoría, han tenido que marcharse acosados por extrañas fantasías y sueños. Ningún viajero ha dejado de experimentar una sensación de extrañeza en aquellas profundas hondonadas, y los artistas tiemblan mientras pintan unos bosques cuyo misterio es tanto de la mente como de la vista. Y yo mismo estoy sorprendido de la sensación que me produjo mi único paseo solitario por aquellos lugares antes de que Ammi me contara su historia. No me pregunten mi opinión. No sé: esto es todo. La única persona que podía ser interrogada acerca de los extraños días es Ammi, ya que la gente de Arkham no quiere hablar de este asunto, y los tres profesores que vieron el meteorito y su coloreado glóbulo están muertos. ¿Había otros glóbulos? Probablemente. Uno de ellos consiguió alimentarse y escapar, en tanto que otro no había podido alimentarse suficientemente y continuaba en el pozo... Los campesinos dicen que la zona emponzoñada se ensancha una pulgada cada año, de modo que tal vez existe algún tipo de crecimiento o de alimentación incluso ahora. Pero, sea lo que sea lo que haya allí, tiene que verse trabado por algo, ya que de no ser así se extendería rápidamente. ¿Está atado a las raíces de aquellos árboles que arañan el aire? Lo que es, sólo Dios lo sabe. En términos de materia, supongo que la cosa que Ammi describió puede ser llamada un gas, pero aquel gas obedecía a unas leyes que no son de nuestro cosmos. No era fruto de los planetas y soles que brillan en los telescopios y en las placas fotográficas de nuestros observatorios. No era ningún soplo de los cielos cuyos movimientos y dimensiones miden nuestros astrónomos o consideran demasiado vastos para ser medidos. No era más que un color surgido del espacio..., un pavoroso mensajero de unos reinos del infinito situados más allá de la Naturaleza que nosotros conocemos; de unos reinos cuya simple existencia aturde el cerebro con las inmensas posibilidades extracósmicas que ofrece a nuestra imaginación. Dudo mucho de que Ammi me mintiera de un modo consciente, y no creo que su historia sea el relato de una mente desquiciada, como supone la gente de la ciudad. Algo terrible llegó a las colinas y valles con aquel meteoro, y algo terrible -aunque ignoro en qué medida- sigue estando allí. Me alegra pensar que todos aquellos terrenos quedarán inundados por las aguas. Entretanto, espero que no le suceda nada a Ammi. Vio tanto de la cosa..., y su influencia era tan insidiosa... ¿Por qué no ha sido capaz de marcharse a vivir a otra parte? Ammi es un anciano muy simpático y muy buena persona, y cuando la brigada de trabajadores empiece su tarea tengo que escribir al ingeniero jefe para que no lo pierda de vista. Me disgustaría recordarlo como una gris, retorcida y quebradiza monstruosidad de las que turban cada día más mi sueño. |
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El fiscal, sentado junto a una ventana que daba al patio, fue el primero en darse cuenta de la fosforescencia que había alrededor del pozo. La noche había caído del todo, y los terrenos que rodeaban la granja parecían brillar débilmente con una luminosidad que no era la de los rayos de la luna; pero aquella nueva fosforescencia era algo definido y distinto, y parecía surgir del negro agujero como la claridad apagada de un faro, reflejándose amortiguadamente en las pequeñas charcas que el agua vaciada del pozo había formado en el suelo. La fosforescencia tenía un color muy raro, y mientras todos los hombres se acercaban a la ventana para contemplar el fenómeno, Ammi lanzó una violenta exclamación. El color de aquella fantasmal fosforescencia le resultaba familiar. Lo había visto antes, y se sintió lleno de temor ante lo que podía significar. Lo había visto en aquel horrendo glóbulo quebradizo hacía dos veranos, lo había visto en la vegetación durante la primavera, y había creído verlo por un instante aquella misma mañana contra la pequeña ventana enrejada de la horrible habitación del ático donde habían ocurrido cosas que no tenían explicación. Había brillado allí por espacio de un segundo, y una espantosa corriente de vapor lo había rozado..., y luego el pobre Nahum habla sido arrastrado por algo de aquel color. Nahum lo había dicho al final..., había dicho que era como el glóbulo y las plantas. Después se había producido la fuga en el patio y el chapoteo en el pozo..., y ahora aquel pozo estaba proyectando a la noche un pálido e insidioso reflejo del mismo diabólico color. |
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Durante más de dos semanas, Ammi no tuvo ninguna noticia de Nahum; y entonces, preocupado por lo que pudiera haber ocurrido, dominó sus temores y efectuó una visita a la casa de los Gardner. De la chimenea no salía humo y por unos instantes el visitante temió lo peor. El aspecto de la granja era impresionante: hierba y hojas grisáceas en el suelo, parras cayéndose a pedazos de arcaicas paredes y aleros, y enormes árboles desnudos silueteándose malignamente contra el gris cielo de noviembre. Ammi no pudo dejar de notar que se habla producido un sutil cambio en la inclinación de las ramas. Pero Nahum estaba vivo, después de todo. Estaba muy débil y reposaba en un catre en la cocina de techo bajo, pero conservaba la lucidez y seguía dando órdenes a Zenas. La estancia estaba mortalmente fría; y al ver que Ammi se estremecía, Nahum le gritó a Zenas que trajera más leña. La leña, en realidad, era muy necesaria, ya que el cavernoso hogar estaba apagado y vacío, y el viento que se filtraba chimenea abajo era helado. De pronto, Nahum le preguntó si la leña que había traído su hijo lo hacía sentirse más cómodo, y entonces Ammi se dio cuenta de lo que había ocurrido. Finalmente, la mente del granjero había dejado de resistir a la intensa presión de los acontecimientos. Interrogando discretamente a su vecino, Ammi no consiguió poner en claro lo que le había sucedido a Zenas. "En el pozo... vive en el pozo...", fue todo lo que su padre dijo. Nabby, la madre Luego el visitante recordó súbitamente a la esposa loca y cambió de tema. "¿Nabby? Está aquí, desde luego...", fue la sorprendida respuesta del pobre Nahum, y Ammi no tardó en darse cuenta de que tendría que investigar por sí mismo. Dejando al inofensivo granjero en su catre, cogió las llaves que estaban colgadas detrás de la puerta y subió los chirriantes escalones que conducían al ático. La parte alta de la casa estaba completamente silenciosa y no se oía el menor ruido en ninguna dirección. De las cuatro puertas a la vista, sólo una estaba cerrada, y en ella probó Ammi varias llaves del manojo que había cogido. A la tercera tentativa la cerradura giró, y Ammi empujó la puerta pintada de blanco. El interior de la habitación estaba completamente a oscuras, ya que la ventana era muy pequeña y estaba medio tapada por las rejas de hierro; y Ammi no pudo ver absolutamente nada. El aire estaba muy viciado, y antes de seguir adelante tuvo que entrar en otra habitación y llenarse los pulmones de aire respirable. Cuando volvió a entrar vio algo oscuro en un rincón, y al acercarse no pudo evitar un grito de espanto. Mientras gritaba creyó que una nube momentánea había tapado la escasa claridad que penetraba por la ventana, y un segundo después se sintió rozado por una espantosa corriente de vapor. Unos extraños colores danzaron ante sus ojos; y si el horror que experimentaba en aquellos momentos no le hubiera impedido coordinar sus ideas hubiera recordado el glóbulo que el martillo de geólogo había aplastado en el interior del meteorito, y la malsana vegetación que habla crecido durante la primavera. Pero, en el estado en que se hallaba, sólo pudo pensar en la horrible monstruosidad que tenía enfrente, y que sin duda alguna había compartido la desconocida suerte del joven Thaddeus y del ganado. Pero lo más terrible de todo era que aquel horror se movía lenta y visiblemente mientras continuaba desmenuzándose. Ammi no me dio más detalles de aquella escena, pero la forma del rincón no reapareció en su relato como un objeto movible. Hay cosas que no pueden ser mencionadas, y lo que se hace por humanidad es a veces cruelmente juzgado por la ley. Comprendí que en aquella habitación del ático no quedó nada que se moviera, y que no dejar allí nada capaz de moverse debió de ser algo horripilante y capaz de acarrear un tormento eterno. Cualquiera, no tratándose de un estólido granjero, se hubiera desmayado o enloquecido, pero Ammi volvió a cruzar el umbral de la puerta pintada de blanco y encerró el espantoso secreto detrás de él. Ahora debía ocuparse de Nahum; éste tenía que ser alimentado y atendido, y trasladado a algún lugar donde pudieran cuidarlo. Cuando empezaba a bajar la oscura escalera, Ammi oyó un estrépito debajo de él. Incluso le pareció haber oído un grito, y recordó nerviosamente la corriente de vapor que lo había rozado mientras se hallaba en la habitación del ático. Oprimido por un vago temor, oyó más ruidos debajo suyo. Indudablemente estaban arrastrando algo pesado, y al mismo tiempo se oía un sonido todavía más desagradable, como el que produciría una fuerte succión. Sintiendo aumentar su terror, pensó en lo que había visto en el ático. ¡Santo cielo! ¿En qué fantástico mundo de pesadilla había penetrado? No se atrevió a avanzar ni a retroceder, y permaneció inmóvil, temblando, en la negra curva del rellano de la escalera. Cada detalle de la escena estallaba de nuevo en su cerebro. De repente se oyó un frenético relincho proferido por el caballo de Ammi, seguido inmediatamente por un ruido de cascos que hablaba de una precipitada fuga. Al cabo de un instante, caballo y calesa estaban fuera del alcance del oído, dejando al asustado Ammi, inmóvil en la oscura escalera, la tarea de conjeturar qué podía haberlos impulsado a desaparecer tan repentinamente. Pero aquello no fue todo. Se produjo otro ruido fuera de la casa. Una especie de chapoteo en el agua..., debió de haber sido en el pozo. Ammi había dejado a Hero desatado cerca del pozo, y algún animalito debió meterse entre sus patas, asustándolo, y dejándose caer después en el pozo. Y la casa seguía brillando con una pálida fosforescencia. ¡Dios mío! ¡Qué antigua era la casa! La mayor parte de ella edificada antes de 1670, y el tejado holandés más tarde de 1730. En aquel momento se oyó el ruido de algo que se arrastraba por el suelo de la planta baja, y Ammi aferró con fuerza el palo que había cogido en el ático sin ningún propósito determinado. Procurando dominar sus nervios, terminó su descenso y se dirigió a la cocina. Pero no llegó a ella, ya que lo que buscaba no estaba ya allí. Había salido a su encuentro, y hasta cierto punto estaba aún vivo. Si se había arrastrado o si había sido arrastrado por fuerzas externas, es cosa que Ammi no hubiera podido decir; pero la muerte había tomado parte en ello. Todo había ocurrido durante la última media hora, pero el proceso de desintegración estaba ya muy avanzado. Había allí una horrible fragilidad, debida a lo quebradizo de la materia, y del cuerpo se desprendían fragmentos secos. Ammi no pudo tocarlo, limitándose a contemplar horrorizado la retorcida caricatura de lo que había sido un rostro. "¿Qué ha pasado, Nahum..., qué ha pasado?", susurró, y los agrietados y tumefactos labios apenas pudieron murmurar una respuesta final. "Nada..., nada...; el color... quema...; frío y húmedo, pero quema...; vive en el pozo..., lo he visto..., una especie de humo... igual que las flores de la pasada primavera...; el pozo brilla por la noche... Se llevó a Thad, y a Merwin, y a Zenas..., todas las cosas vivas...; sorbe la vida de todas las cosas...; en aquella piedra tuvo que llegar en aquella piedra...; la aplastaron...; era el mismo color..., el mismo, como las flores y las plantas...; tiene que haber más...; crecieron..., lo he visto esta semana...; tuvo que darle fuerte a Zenas...; era un chico fuerte, lleno de vida...; le golpea a uno la mente y luego se apodera de él...; quema mucho...; en el agua del pozo...; no pueden sacarlo de allí..., ahogarlo... Se ha llevado también a Zenas...; tenías razón...; el agua está embrujada... ¿Cómo está Nabby, Ammi?... Mi cabeza no funciona...; no sé cuánto hace que no le he subido comida...; la cosa la atacó también a ella...; el color...; su rostro tiene el mismo color por las noches..., y el color quema y sorbe; procede de algún lugar donde las cosas no son como aquí...; uno de los profesores lo dijo...; tenía razón, mira, Ammi, está sorbiendo más..., sorbiendo la vida..." Pero eso fue todo. La cosa que había hablado no podía hablar más porque se había encogido completamente. Ammi lo cubrió con un mantel a cuadros blancos y rojos y salió de la casa por la puerta trasera. Trepó por la ladera que conducía a las tierras altas y regresó a su hogar por el camino del Norte y los bosques. No pudo pasar junto al pozo desde el cual había huido su caballo. Miró hacia el pozo a través de una ventana y recordó el chapoteo que había oído..., el chapoteo de algo que se había sumergido en el pozo después de lo que había hecho con el desdichado Nahum... Cuando Ammi llegó a su casa se encontró con que el caballo y la calesa lo habían precedido; su esposa lo aguardaba llena de ansiedad. Después de tranquilizarla, sin darle ninguna explicación, se dirigió a Arkham y notificó a las autoridades que la familia Gardner ya no existía. No entró en detalles, limitándose a hablar de las muertes de Nahum y de Nabby; la de Thaddeus era ya conocida, y dijo que la causa de la muerte parecía ser la misma extraña dolencia que había atacado al ganado. También dijo que Merwin y Zenas habían desaparecido. En la jefatura de policía lo interrogaron ampliamente, y al final se vio obligado a acompañar a tres agentes a la granja de Gardner, juntamente con el fiscal, el médico forense y el veterinario que había atendido a los animales enfermos. Ammi fue con ellos de muy mala gana, ya que la tarde estaba muy avanzada y temía que la noche lo cogiera en aquel lugar maldito, aunque era un consuelo saber que iba a estar acompañado de tantos hombres. Los seis hombres montaron en un carro, siguiendo a la calesa de Ammi, y llegaron a la granja alrededor de las cuatro. A pesar de que los agentes estaban acostumbrados a presenciar espectáculos horripilantes, todos se estremecieron a la vista de lo que fue encontrado debajo del mantel a cuadros rojos y blancos, y en la habitación del ático. El aspecto de la granja, con su desolación gris, era ya bastante terrible, pero aquellos dos retorcidos objetos sobrepasaban toda medida de horror. Nadie pudo contemplarlos más allá de un par de segundos, e incluso el médico forense admitió que allí había muy poco que examinar. Podían analizarse unas muestras, desde luego, de modo que él mismo se encargó de agenciárselas..., y al parecer aquellas muestras provocaron el más inextricable rompecabezas con que se enfrentara nunca el laboratorio de la Universidad. Bajo el espectroscopio, las muestras revelaron un espectro desconocido, muchas de cuyas bandas eran iguales que las que había revelado el extraño meteoro al ser analizado. La propiedad de emitir aquel espectro se desvaneció en un mes, y el polvo consistía principalmente en fosfatos y carbonatos alcalinos. Ammi no les hubiera hablado del pozo de haber sabido que iban a actuar inmediatamente. Se acercaba la puesta de sol y estaba ansioso por marcharse de allí. Pero no pudo evitar el dirigir miradas nerviosas al pozo, cosa que fue observada por uno de los policías, el cual lo interrogó. Ammi admitió que Nahum había temido a algo que estaba escondido en el pozo... hasta el punto de que no se había atrevido a comprobar si Merwin o Zenas se habían caído dentro. La policía decidió vaciar el pozo y explorarlo inmediatamente, de modo que Ammi tuvo que esperar, temblando, mientras el pozo era vaciado cubo a cubo. El agua hedía de un modo insoportable, y los hombres tuvieron que taparse las narices con sus pañuelos para poder terminar la tarea. Menos mal que el trabajo no fue tan largo como habían creído, ya que el nivel del agua era sorprendentemente bajo. No es necesario hablar con demasiados detalles de lo que encontraron. Merwin y Zenas estaban allí los dos, aunque sus restos eran principalmente esqueléticos. Había también un pequeño cordero y un perro grande en el mismo estado de descomposición, aproximadamente, y cierta cantidad de huesos de animales más pequeños. El limo del fondo parecía inexplicablemente poroso y burbujeante, y un hombre que bajó atado a una cuerda y provisto de una larga pértiga se encontró con que podía hundir la pértiga en el fango en toda su longitud sin encontrar ningún obstáculo. La noche se estaba echando encima y entraron en la casa en busca de faroles. Luego, cuando vieron que no podían sacar nada más del pozo, volvieron a entrar en la casa y conferenciaron en la antigua sala de estar mientras la intermitente claridad de una espectral media luna iluminaba a intervalos la gris desolación del exterior. Los hombres estaban francamente perplejos ante aquel caso y no podían encontrar ningún elemento convincente que relacionara las extrañas condiciones de los vegetales, la desconocida enfermedad del ganado y de las personas, y las inexplicables muertes de Merwin y Zenas en el pozo. Habían oído los comentarios y las habladurías de la gente, desde luego; pero no podían creer que hubiese ocurrido algo contrario a las leyes naturales. Era evidente que el meteoro había emponzoñado el suelo pero la enfermedad de personas y animales que no habían comido nada crecido en aquel suelo era harina de otro costal. ¿Se trataba del agua del pozo? Posiblemente. No sería mala idea analizarla. Pero ¿por qué singular locura se habían arrojado los dos muchachos al pozo? Habían actuado de un modo muy similar... y sus restos demostraban que los dos habían padecido a causa de la muerte quebradiza y gris. ¿Por qué todas las cosas se volvían grises y quebradizas? |
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En el mes de febrero los chicos de McGregor, de Meadow Hill, salieron a cazar marmotas, y no lejos de las tierras de Gardner capturaron un ejemplar muy especial. Las proporciones de su cuerpo parecían ligeramente alteradas de un modo muy raro, imposible de describir, en tanto que su rostro tenía una expresión que hasta entonces nadie había visto en el rostro de una marmota. Los chicos quedaron francamente asustados y tiraron inmediatamente el animal, de modo que por la comarca sólo circuló la grotesca historia que los mismos chicos contaron. Pero esto, unido a la historia del conejo que asustaba a los caballos en las inmediaciones de la casa de Nahum, dio pie a que empezara a tomar cuerpo una leyenda, susurrada en voz baja. La gente aseguraba que la nieve se había fundido mucho más rápidamente en los alrededores de la casa de Nahum que en otras partes, y a principios de marzo se produjo una agitada discusión en la tienda de Potter, de Clark’s Corners. Stephen Rice había pasado por las tierras de Gardner a primera hora de la mañana y se había dado cuenta de que la hierba fétida empezaba a crecer en todo el fangoso suelo. Hasta entonces no se había visto hierba fétida de aquel tamaño, y su color era tan raro que no podía ser descrito con palabras. Sus formas eran monstruosas, y el caballo había relinchado lastimeramente ante la presencia de un hedor que hirió también desagradablemente el olfato de Stephen. Aquella misma tarde, varias personas fueron a ver con sus propios ojos aquella anomalía, y todas estuvieron de acuerdo en que las plantas de aquella clase no podían brotar en un mundo saludable. Se mencionaron de nuevo los frutos amargos del otoño anterior, y corrió de boca en boca que las tierras de Nahum estaban emponzoñadas. Desde luego, se trataba del meteorito; y recordando lo extraño que les había parecido a los hombres de la Universidad, varios granjeros hablaron del asunto con ellos. Un día, hicieron una visita a Nahum; pero como se trataba de unos hombres que no prestaban crédito con facilidad a las leyendas, sus conclusiones fueron muy conservadoras. Las plantas eran raras, desde luego, pero toda la hierba fétida es más o menos rara en su forma y en su color. Quizás algún elemento mineral del meteorito había penetrado en la tierra, pero no tardaría en desaparecer. Y en cuanto a las huellas en la nieve y a los caballos asustados... se trataba únicamente de habladurías sin fundamento, que habían nacido a consecuencia de la caída del meteorito. Pero unos hombres serios no podían tener en cuenta las habladurías de los campesinos, ya que los supersticiosos labradores dicen y creen cualquier cosa. Ese fue el veredicto de los profesores acerca de los extraños días. Sólo uno de ellos, encargado de analizar dos redomas de polvo en el curso de una investigación policíaca, año y medio más tarde, recordó que el extraño color de la hierba fétida era muy parecido al de las insólitas bandas de luz que reveló el fragmento del meteoro en el espectroscopio de la Universidad, y al del glóbulo que encontraran en el interior de la piedra. En el análisis que el mencionado profesor llevó a cabo, las muestras revelaron al principio las mismas insólitas bandas, aunque más tarde perdieran la propiedad. Los árboles florecieron prematuramente alrededor de la casa de Nahum, y por la noche se mecían ominosamente al viento. El segundo hijo de Nahum, Thaddeus, un muchacho de quince años, juraba que los árboles se mecían también cuando no hacía viento; pero ni siquiera los más charlatanes prestaron crédito a esto. Desde luego, en el ambiente había algo raro. Toda la familia Gardner desarrolló la costumbre de quedarse escuchando, aunque no esperaban oír ningún sonido al cual pudieran dar nombre. La escucha era en realidad resultado de momentos en que la conciencia parecía haberse desvanecido en ellos. Desgraciadamente, esos momentos eran más frecuentes a medida que pasaban las semanas, hasta que la gente empezó a murmurar que toda la familia Nahum estaba mal de la cabeza. Cuando salió la primera saxífraga, su color era también muy extraño; no completamente igual al de la hierba fétida, pero indudablemente afín a él e igualmente desconocido para cualquiera que lo viera. Nahum cogió algunos capullos y se los llevó a Arkham para enseñarlos al editor de la Gazette, pero aquel dignatario se limitó a escribir un artículo humorístico acerca de ellos, ridiculizando los temores y las supersticiones de los campesinos. Fue un error de Nahum contarle a un estólido ciudadano la conducta que observaban las mariposas -también de gran tamaño- en relación con aquellas saxífragas. Abril aportó una especie de locura a las gentes de la comarca y empezaron a dejar de utilizar el camino que pasaba por los terrenos de Nahum, hasta abandonarlo por completo. Era la vegetación. Los renuevos de los árboles tenían unos extraños colores, y a través del suelo de piedra del patio y en los prados contiguos crecían unas plantas que solamente un botánico podía relacionar con la flora de la región. Pero lo más raro de todo era el colorido, que no correspondía a ninguno de los matices que el ojo humano había visto hasta entonces. Plantas y arbustos se convirtieron en una siniestra amenaza, creciendo insolentemente en su cromática perversión. Ammi y los Gardner opinaron que los colores tenían para ellos una especie de inquietante familiaridad, y llegaron a la conclusión de que les recordaban el glóbulo que había sido descubierto dentro del meteoro. Nahum labró y sembró los diez acres de terreno que poseía en la parte alta, sin tocar los terrenos que rodeaban su casa. Sabía que sería trabajo perdido y tenía la esperanza de que aquellas extrañas hierbas que estaban creciendo arrancarían toda la ponzoña del suelo. Ahora estaba preparado para cualquier cosa, por inesperada que pudiera parecer, y se había acostumbrado a la sensación de que cerca de él había algo que esperaba ser oído. El ver que los vecinos no se acercaban por su casa le molestó, desde luego; pero afectó todavía más a su esposa. Los chicos no lo notaron tanto porque iban a la escuela todos los días; pero no pudieron evitar el enterarse de las habladurías, las cuales los asustaron un poco, especialmente a Thaddeus, que era un muchacho muy sensible. En mayo llegaron los insectos y la hacienda de Gardner se convirtió en un lugar de pesadilla, lleno de zumbidos y de serpenteos. La mayoría de aquellos animales tenían un aspecto insólito y se movían de un modo muy raro, y sus costumbres nocturnas contradecían todas las anteriores experiencias. Los Gardner adquirieron el hábito de mantenerse vigilantes durante la noche. Miraban en todas direcciones en busca de algo..., aunque no podían decir de qué. Fue entonces cuando comprobaron que Thaddeus había estado en lo cierto al hablar de lo que ocurría con los árboles. La señora Gardner fue la primera en comprobarlo una noche que se encontraba en la ventana del cuarto contemplando la silueta de un arce que se recortaba contra un cielo iluminado por la luna. Las ramas del arce se estaban moviendo y no corría el menor soplo de viento. Cosa de la savia, seguramente. Las cosas más extrañas resultaban ahora normales. Sin embargo, el siguiente descubrimiento no fue obra de ningún miembro de la familia Gardner. Se habían familiarizado con lo anormal hasta el punto de no darse cuenta de muchos detalles. Y lo que ellos no fueron capaces de ver fue observado por un viajante de comercio de Boston, que pasó por allí una noche, ignorante de las leyendas que corrían por la región. Lo que contó en Arkham apareció en un breve artículo publicado por la Gazette; y aquel articulo fue lo que todos los granjeros, incluido Nahum, se echaron primero a los ojos. La noche había sido oscura, pero alrededor de una granja del valle -que todo el mundo supo que se trataba de la granja de Nahum- la oscuridad había sido menos intensa. Una leve aunque visible fosforescencia parecía surgir de toda la vegetación, y en un momento determinado un trozo de aquella fosforescencia se deslizó furtivamente por el patio que había cerca del granero. Los pastos no parecían haber sufrido los efectos de aquella insólita situación, y las vacas pacían libremente cerca de la casa, pero hacia finales de mayo la leche empezó a ser mala. Entonces Nahum llevó a las vacas a pacer a las tierras altas y la leche volvió a ser buena. Poco después el cambio en la hierba y en las hojas, que hasta entonces se habían mantenido normalmente verdes, pudo apreciarse a simple vista. Todas las hortalizas adquirieron un color grisáceo y un aspecto quebradizo. Ammi era ahora la única persona que visitaba a los Gardner, y sus visitas fueron espaciándose más y más. Cuando cerraron la escuela, por ser época de vacaciones, los Gardner quedaron virtualmente aislados del mundo, y a veces encargaban a Ammi que les hiciera sus compras en el pueblo. Continuaban desmejorando física y mentalmente, y nadie quedó sorprendido cuando circuló la noticia de que la señora Gardner se había vuelto loca. Esto ocurrió en junio, alrededor del aniversario de la caída del meteoro, y la pobre mujer empezó a gritar que veía cosas en el aire, cosas que no podía describir. En su desvarío no pronunciaba ningún nombre propio, sino solamente verbos y pronombres. Las cosas se movían, y cambiaban, y revoloteaban, y los oídos reaccionaban a impulsos que no eran del todo sonidos. Nahum no la envió al manicomio del condado, sino que dejó que vagabundeara por la casa mientras fuera inofensiva para sí misma y para los demás. Cuando su estado empeoró no hizo nada. Pero cuando los chicos empezaron a asustarse y Thaddeus casi se desmayó al ver la expresión del rostro de su madre al mirarlo, Nahum decidió encerrarla en el ático. En julio, la señora Gardner dejó de hablar y empezó a arrastrarse a cuatro patas, y antes de terminar el mes, Nahum se dio cuenta de que su esposa era ligeramente luminosa en la oscuridad, tal como ocurría con la vegetación de los alrededores de la casa. Esto sucedió un poco antes de que los caballos se dieran a la fuga. Algo los había despertado durante la noche, y sus relinchos y su cocear habían sido algo terrible. A la mañana siguiente, cuando Nahum abrió la puerta del establo, los animales salieron disparados como alma que lleva el diablo. Nahum tardó una semana en localizar a los cuatro, y cuando los encontró se vio obligado a matarlos porque se habían vuelto locos y no había quién los manejara. Nahum le pidió prestado un caballo a Ammi para acarrear el heno, pero el animal no quiso acercarse al granero. Respingó, se encabritó y relinchó, y al final tuvieron que dejarlo en el patio, mientras los hombres arrastraban el carro hasta situarlo junto al granero. Entretanto, la vegetación iba tomándose gris y quebradiza. Incluso las flores, cuyos colores habían sido tan extraños, se volvían grises ahora, y la fruta era gris y enana e insípida. Las jarillas y el trébol dorado dieron flores grises y deformes, y las rosas, las rascamoños y las malvarrosas del patio delantero tenían un aspecto tan horrendo, que Zenas, el mayor de los hijos de Nahum, las cortó todas. Al mismo tiempo fueron muriéndose todos los insectos, incluso las abejas que habían abandonado sus colmenas. En septiembre toda la vegetación se había desmenuzado, convirtiéndose en un polvillo grisáceo, y Nahum temió que los árboles murieran antes de que la ponzoña se hubiera desvanecido del suelo. Su esposa tenía ahora accesos de furia, durante los cuales profería unos gritos terribles, y Nahum y sus hijos vivían en un estado de perpetua tensión nerviosa. No se trataban ya con nadie, y cuando la escuela volvió a abrir sus puertas los chicos no acudieron a ella. Fue Ammi, en una de sus raras visitas, quien descubrió que el agua del pozo ya no era buena. Tenía un gusto endiablado, que no era exactamente fétido ni exactamente salobre, y Ammi aconsejó a su amigo que excavara otro pozo en las tierras altas para utilizarlo hasta que el suelo volviera a ser bueno. Sin embargo, Nahum no hizo el menor caso de aquel consejo, ya que había llegado a impermeabilizarse contra las cosas raras y desagradables. Él y sus hijos siguieron utilizando la teñida agua del pozo, bebiéndola con la misma indiferencia con que comían sus escasos y mal cocidos alimentos y conque realizaban sus improductivas y monótonas tareas a través de unos días sin objetivo. Había algo de estólida resignación en todos ellos, como si anduvieran en otro mundo entre hileras de anónimos guardianes hacia un lugar familiar y seguro. Thaddeus se volvió loco en septiembre, después de una visita al pozo. Había ido allí con un cubo y había regresado con las manos vacías, encogiendo y agitando los brazos y murmurando algo acerca de "los colores movibles que había allí abajo". Dos locos en una familia representaban un grave problema, pero Nahum se portó valientemente. Dejó que el muchacho se moviera a su antojo durante una semana, hasta que empezó a portarse peligrosamente, y entonces lo encerró en el ático, enfrente de la habitación ocupada por su madre. El modo como se gritaban el uno al otro desde detrás de sus cerradas puertas era algo terrible, especialmente para el pequeño Merwin, que imaginaba que su madre y su hermano hablaban en algún terrible lenguaje que no era de este mundo. Merwin se estaba convirtiendo en un chiquillo peligrosamente imaginativo, y su estado empeoró desde que encerraron al hermano que había sido su mejor compañero de juegos. Casi al mismo tiempo empezó la mortalidad entre el ganado. Las aves de corral adquirieron un color gris y murieron rápidamente. Los cerdos engordaron desordenadamente y luego empezaron a experimentar repugnantes cambios que nadie podía explicar. Su carne era desaprovechable, desde luego, y Nahum no sabía qué pensar ni qué hacer. Ningún veterinario rural quiso acercarse a su casa, y el veterinario de Arkham quedó francamente desconcertado. La cosa resultaba tanto más inexplicable por cuanto aquellos animales no habían sido alimentados con la vegetación emponzoñada. Luego les llegó el turno a las vacas. Ciertas zonas, y a veces el cuerpo entero, aparecieron anormalmente hinchadas o comprimidas, y aquellos síntomas fueron seguidos de atroces colapsos o desintegraciones. En las últimas fases -que terminaban siempre con la muerte- adquirían un color grisáceo y un aspecto quebradizo, tal como había ocurrido con los cerdos. En el caso de las vacas no podía hablarse de veneno, ya que estaban encerradas en mi establo. Ninguna mordedura de un animal salvaje podía haber inoculado el virus, ya que no hay ningún animal terrestre que pueda pasar a través de obstáculos sólidos. Debía tratarse de una enfermedad natural..., aunque resultaba imposible conjeturar qué clase de enfermedad producía aquellos terribles resultados. En la época de la cosecha no quedaba ningún animal vivo en la casa, ya que el ganado y las aves de corral habían muerto y los perros habían huido. Los perros, en número de tres, habían desaparecido una noche y no volvieron a aparecer. Los cinco gatos se habían marchado un poco antes, pero su desaparición apenas fue notada, ya que en la casa no había ahora ratones y únicamente la señora Gardner sentía cierto afecto por los graciosos felinos. El 19 de octubre Nahum se presentó en casa de Ammi con espantosas noticias. La muerte había sorprendido al pobre Thaddeus en su habitación del ático, y lo habla sorprendido de un modo que no podía ser contado. Nahum había excavado una tumba en la parte trasera de la granja y había metido allí lo que encontró en la habitación. En la habitación no podía haber entrado nadie, ya que la pequeña ventana enrejada y la cerradura de la puerta estaban intactas; pero lo sucedido tenía muchos puntos de contacto con lo ocurrido en el establo. Ammi y su esposa consolaron al atribulado granjero lo mejor que pudieron, aunque no consiguieron evitar un estremecimiento. El horror parecía rondar alrededor de los Gardner y de todo lo que tocaban, y la sola presencia de uno de ellos en la casa era como un soplo de regiones innominadas e innominables. Ammi acompañó a Nahum a su hogar de muy mala gana e hizo lo que pudo para calmar los histéricos sollozos del pequeño Merwin. Zenas no necesitaba ser calmado. Se encontraba en un estado de completo atontamiento y se limitaba a mirar fijamente un punto indeterminado del espacio y a obedecer lo que su padre le ordenaba. Y Ammi pensó que ese estado de abulia era lo mejor que podía ocurrirle. De cuando en cuando los gritos de Merwin eran contestados desde el ático, y en respuesta a una mirada interrogadora Nahum dijo que su esposa estaba muy débil. Cuando se acercaba la noche, Ammi se las arregló para marcharse, ya que ningún sentimiento de amistad podía hacerle permanecer en aquel lugar cuando la vegetación empezaba a brillar débilmente y los árboles podían o no moverse sin que soplara el viento. Era una verdadera suerte para Ammi el hecho de que no fuese una persona imaginativa. De haberlo sido, de haber podido relacionar y reflexionar sobre todos los portentos que lo rodeaban, no cabe duda de que hubiese perdido la chaveta. A la hora del crepúsculo regresó apresuradamente a su casa, sintiendo resonar terriblemente en sus oídos los gritos de la loca y del pequeño Merwin. Tres días más tarde Nahum se presentó en casa de Ammi muy de mañana, y en ausencia de su huésped le contó a la señora Pierce una horrible historia que ella escuchó temblando de miedo. Esta vez se trataba del pequeño Merwin. Había desaparecido. Había salido de la casa cuando ya era de noche con un farol y un cubo para traer agua, y no había regresado. Hacía días que su estado no era normal y se asustaba de todo. El padre oyó un frenético grito en el patio, pero cuando abrió la puerta y se asomó el muchacho había desaparecido. No se veía ni rastro de él, y en ninguna parte brillaba el farol que se había llevado. En aquel momento, Nahum creyó que el farol y el cubo habían desaparecido también; pero al hacerse de día, y al regreso de su búsqueda de toda la noche por campos y bosques, Nahum había descubierto unas cosas muy raras cerca del pozo: una retorcida y semifundida masa de hierro, que había sido indudablemente el farol; y junto a ella un asa doblada junto a otra masa de hierro, asimismo retorcida y semifundida, que correspondía al cubo. Eso fue todo. Nahum imaginaba lo inimaginable. La señora Pierce estaba como atontada, y Ammi, cuando llegó a casa y oyó la historia, no pudo dar ninguna opinión. Merwin había desaparecido y sería inútil decírselo a la gente que vivía en aquellos alrededores y que huían de los Gardner como de la peste. Tan inútil como decírselo a los ciudadanos de Arkham que se reían de todo. Thad había desaparecido, y ahora había desaparecido Merwin. Algo estaba arrastrándose y arrastrándose, esperando ser visto y oído. Nahum no tardaría en morirse, y deseaba que Ammi velara por su esposa y por Zenas, si es que lo sobrevivían. Todo aquello era un castigo de alguna clase, aunque Nahum no podía adivinar a qué se debía, ya que siempre había vivido en el santo temor de Dios. |
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Todo empezó, dijo el viejo Ammi, con el meteorito. Antes no se habían oído leyendas de ninguna clase, e incluso en la remota época de las brujas aquellos bosques occidentales no fueron ni la mitad de temidos que la pequeña isla del Miskatonic, donde el diablo concedía audiencias al lado de un extraño altar de piedra, más antiguo que los indios. Aquéllos no eran bosques hechizados, y su fantástica oscuridad no fue nunca terrible hasta los extraños días. Luego había llegado aquella blanca nube meridional, se había producido aquella cadena de explosiones en el aire y aquella columna de humo en el valle. Y, por la noche, todo Arkham se había enterado de que una gran piedra había caído del cielo y se había incrustado en la tierra, junto al pozo de la casa de Nahum Gardner. La casa que se había alzado en el lugar que ahora ocupaba el marchito erial. Nahum había ido al pueblo para contar lo de la piedra, y al pasar ante la casa de Ammi Pierce se lo había contado también. En aquella época Ammi tenía cuarenta años, y todos los extraños acontecimientos estaban profundamente grabados en su cerebro. Ammi y su esposa habían acompañado a los tres profesores de la Universidad de Miskatonic que se presentaron a la mañana siguiente para ver al fantástico visitante que procedía del desconocido espacio estelar, y habían preguntado cómo era que Nahum había dicho, el día antes, que era muy grande. Nahum, señalando la pardusca mole que estaba junto a su pozo, dijo que se había encogido. Pero los sabios replicaron que las piedras no se encogen. Su calor irradiaba persistentemente, y Nahum declaró que había brillado débilmente toda la noche. Los profesores golpearon la piedra con un martillo de geólogo y descubrieron que era sorprendentemente blanda. En realidad, era tan blanda como si fuera artificial, y arrancaron, más bien que escoplearon, una muestra para llevársela a la Universidad a fin de comprobar su naturaleza. Tuvieron que meterla en un cubo que le pidieron prestado a Nahum, ya que el pequeño fragmento no perdía calor. En su viaje de regreso se detuvieron a descansar en la casa de Ammi, y parecieron quedarse pensativos cuando la señora Pierce observó que el fragmento estaba haciéndose más pequeño y había empezado a quemar el fondo del cubo. Realmente no era muy grande, pero quizás habían cogido un trozo menor de lo que habían supuesto. Al día siguiente -todo esto ocurría en el mes de junio de 1882-, los profesores se presentaron de nuevo, muy excitados. Al pasar por la casa de Ammi le contaron lo que había sucedido con la muestra, diciendo que había desaparecido por completo cuando la introdujeron en un recipiente de cristal. El recipiente también había desaparecido, y los profesores hablaron de la extraña afinidad de la piedra con el silicón. Había reaccionado de un modo increíble en aquel laboratorio perfectamente ordenado; sin sufrir ninguna modificación ni expeler ningún gas al ser calentada al carbón, mostrándose completamente negativa al ser tratada con bórax y revelándose absolutamente no volátil a cualquier temperatura, incluyendo la del soplete de oxihidrógeno. En el yunque apareció como muy maleable, y en la oscuridad su luminosidad era muy notable. Negándose obstinadamente a enfriarse, provocó una gran excitación entre los profesores; y cuando al ser calentada ante el espectroscopio mostró unas brillantes bandas distintas a las de cualquier color conocido del espectro normal, se habló de nuevos elementos, de raras propiedades ópticas, y de todas aquellas cosas que los intrigados hombres de ciencia suelen decir cuando se enfrentan con lo desconocido. Caliente como estaba, fue comprobada en un crisol con todos los reactivos adecuados. El agua no hizo nada. Ni el ácido clorhídrico. El ácido nítrico e incluso el agua regia se limitaron a resbalar sobre su tórrida invulnerabilidad. Ammi se encontró con algunas dificultades para recordar todas aquellas cosas, pero reconoció algunos disolventes a medida que se los mencionaba en el habitual orden de utilización: amoniaco y sosa cáustica, alcohol y éter, bisulfito de carbono y una docena más; pero, a pesar de que el peso iba disminuyendo con el paso del tiempo, y de que el fragmento parecía enfriarse ligeramente, los disolventes no experimentaron ningún cambio que demostrara que habían atacado a la sustancia. Desde luego, se trataba de un metal. Era magnético, en grado extremo; y después de su inmersión en los disolventes ácidos parecían existir leves huellas de la presencia de hierro meteórico, de acuerdo con los datos de Widmanstalten. Cuando el enfriamiento era ya considerable colocaron el fragmento en un recipiente de cristal para continuar las pruebas Y a la mañana siguiente, fragmento y recipiente habían desaparecido sin dejar rastro, y únicamente una chamuscada señal en el estante de madera donde los habían dejado probaba que había estado realmente allí. Esto fue lo que los profesores le contaron a Ammi mientras descansaban en su casa, y una vez más fue con ellos a ver el pétreo mensajero de las estrellas, aunque en esta ocasión su esposa no lo acompañó. Comprobaron que la piedra se había encogido realmente, y ni siquiera los más escépticos de los profesores pudieron dudar de lo que estaban viendo. Alrededor de la masa pardusca situada junto al pozo había un espacio vacío, un espacio que eran dos pies menos que el día anterior. Estaba aún caliente, y los sabios estudiaron su superficie con curiosidad mientras separaban otro fragmento mucho mayor que el que se habían llevado. Esta vez ahondaron más en la masa de piedra, y de este modo pudieron darse cuenta de que el núcleo central no era completamente homogéneo. Habían dejado al descubierto lo que parecía ser la cara exterior de un glóbulo empotrado en la sustancia. El color, parecido al de las bandas del extraño espectro del meteoro, era casi imposible de describir; y sólo por analogía se atrevieron a llamarlo color. Su contextura era lustrosa, y parecía quebradiza y hueca. Uno de los profesores golpeó ligeramente el glóbulo con un martillo, y estalló con un leve chasquido. De su interior no salió nada, y el glóbulo se desvaneció como por arte de magia, dejando un espacio esférico de unas tres pulgadas de diámetro, Los profesores pensaron que era probable que encontraran otros glóbulos a medida que la sustancia envolvente se fuera fundiendo. La conjetura era equivocada, ya que los investigadores no consiguieron encontrar otro glóbulo, a pesar de que taladraron la masa por diversos lugares. En consecuencia, decidieron llevarse la nueva muestra que habían recogido... y cuya conducta en el laboratorio fue tan desconcertante como la de su predecesora. Aparte de ser casi plástica, de tener calor, magnetismo y ligera luminosidad, de enfriarse levemente en poderosos ácidos, de perder peso y volumen en el aire y de atacar a los compuestos de silicón con el resultado de una mutua destrucción. La piedra no presentaba características de identificación; y al fin de las pruebas, los científicos de la Universidad se vieron obligados a reconocer que no podían clasificarla. No era nada de este planeta, sino un trozo del espacio exterior; y, como tal, estaba dotado de propiedades exteriores y desconocidas y obedecía a leyes exteriores y desconocidas. Aquella noche hubo una tormenta, y cuando los profesores acudieron a casa de Nahum al día siguiente, se encontraron con una desagradable sorpresa. La piedra, magnética como era, debió poseer alguna peculiar propiedad eléctrica ya que había "atraído al rayo", como dijo Nahum, con una singular persistencia. En el espacio de una hora el granjero vio cómo el rayo hería seis veces la masa que se encontraba junto al pozo, y al cesar la tormenta descubrió que la piedra había desaparecido. Los científicos, profundamente decepcionados, tras comprobar el hecho de la total desaparición, decidieron que lo único que podían hacer era regresar al laboratorio y continuar analizando el fragmento que se habían llevado el día anterior y que como medida de precaución hablan encerrado en una caja de plomo. El fragmento duró una semana transcurrida la cual no se había llegado a ningún resultado positivo. La piedra desapareció, sin dejar ningún residuo, y con el tiempo los profesores apenas creían que habían visto realmente aquel misterioso vestigio de los insondables abismos exteriores; aquel único, fantástico mensaje de otros universos y otros reinos de materia, energía y entidad. Como era lógico, los periódicos de Arkham hablaron mucho del incidente y enviaron a sus reporteros a entrevistar a Nahum y a su familia. Un rotativo de Boston envío también un periodista, y Nahum se convirtió rápidamente en una especie de celebridad local. Era un hombre delgado, de unos cincuenta años, que vivía con su esposa y sus tres hijos del producto de lo que cultivaba en el valle. Él y Ammi se hacían frecuentes visitas, lo mismo que sus esposas; y Ammi sólo tenía frases de elogio para él después de todos aquellos años. Parecía estar orgulloso de la atención que había despertado el lugar, y en las semanas que siguieron a su aparición y desaparición habló con frecuencia del meteorito. Los meses de julio y agosto fueron cálidos; y Nahum trabajó de firme en sus campos, y las faenas agrícolas lo cansaron más de lo que lo habían cansado otros años, por lo que llegó a la conclusión de que los años habían empezado a pesarle. Luego llegó la época de la recolección. Las peras v manzanas maduraban lentamente, y Nahum aseguraba que sus huertos tenían un aspecto más floreciente que nunca. La fruta crecía hasta alcanzar un tamaño fenomenal y un brillo musitado, y su abundancia era tal que Nahum tuvo que comprar unos cuantos barriles más a fin de poder embalar la futura cosecha. Pero con la maduración llegó una desagradable sorpresa, ya que toda aquella fruta de opulenta presencia resultó incomible. En vez del delicado sabor de las peras y manzanas, la fruta tenía un amargor insoportable. Lo mismo ocurrió con los melones y los tomates, y Nahum vio con tristeza cómo se perdía toda su cosecha. Buscando una explicación a aquel hecho, no tardó en declarar que el meteorito había envenenado el suelo, y dio gracias al cielo porque la mayor parte de las otras cosechas se encontraban en las tierras altas a lo largo del camino. El invierno se presentó muy pronto y fue muy frío. Ammi veía a Nahum con menos frecuencia que de costumbre, y observó que empezaba a tener un aspecto preocupado. También el resto de la familia había asumido un aire taciturno; y fueron espaciando sus visitas a la iglesia y su asistencia a los diversos acontecimientos sociales de la comarca. No pudo encontrarse ningún motivo para aquella reserva o melancolía, aunque todos los habitantes de la casa daban muestras de cuando en cuando de un empeoramiento en su estado de salud física y mental. Esto se hizo más evidente cuando el propio Nahum declaró que estaba preocupado por ciertas huellas de pasos que había visto en la nieve. Se trataba de las habituales huellas invernales de las ardillas rojas, de los conejos blancos y de los zorros, pero el caviloso granjero afirmó que encontraba algo raro en la naturaleza y disposición de aquellas huellas. No fue más explícito, pero parecía creer que no era característica de la anatomía y las costumbres de ardillas y conejos y zorros. Ammi no hizo mucho caso de todo aquello hasta una noche que pasó por delante de la casa de Nahum en su trineo, en su camino de regreso de Clark’s Corners. En el cielo brillaba la luna, y un conejo cruzó corriendo el camino, y los saltos de aquel conejo eran más largos de lo que les hubiera gustado a Ammi y a su caballo. Este último, en realidad, se hubiera desbocado si su dueño no hubiera empuñado las riendas con mano firme. A partir de entonces, Ammi mostró un mayor respeto por las historias que contaba Nahum, y se preguntó por qué los perros de Gardner parecían estar tan asustados y temblorosos cada mariana. Incluso habían perdido el ánimo para ladrar. |
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Por la noche interrogué a algunos habitantes de Arkham acerca del marchito erial, y pregunté qué significado tenía la frase "los extraños días" que había oído murmurar evasivamente. Sin embargo, no pude obtener ninguna respuesta concreta, y lo único que saqué en claro era que el misterio se remontaba a una fecha mucho más reciente de lo que había imaginado. No se trataba de una vieja leyenda, ni mucho menos, sino de algo que había ocurrido en vida de los que hablaban conmigo. Había sucedido en los años ochenta, y una familia desapareció o fue asesinada. Los detalles eran algo confusos; y como todos aquellos con quienes hablé me dijeron que no prestara crédito a las fantásticas historias del viejo Ammi Pierce, decidí ir a visitarlo a la mañana siguiente, después de enterarme de que vivía solo en una ruinosa casa que se alzaba en el lugar donde los árboles empiezan a espesarse. Era un lugar muy viejo, y había empezado a exudar el leve olor miásmico que se desprende de las casas que han permanecido en pie demasiado tiempo. Tuve que llamar insistentemente para que el anciano se levantara, y cuando se asomó tímidamente a la puerta me di cuenta de que no se alegraba de verme. No estaba tan débil como yo había esperado; sin embargo, sus ojos parecían desprovistos de vida, y sus andrajosas ropas y su barba blanca le daban un aspecto gastado y decaído. No sabiendo cómo enfocar la conversación para que me hablara de sus "fantásticas historias", fingí que me había llevado hasta allí la tarea a que estaba entregado; le hablé de ella al viejo Ammi, formulándole algunas vagas preguntas acerca del distrito. Ammi Pierce era un hombre más culto y más educado de lo que me habían dado a entender, y se mostró más comprensivo que cualquiera de los hombres con los cuales había hablado en Arkham. No era como otros rústicos que había conocido en las zonas donde iban a construirse las albercas. Ni protestó por las millas de antiguo bosque y de tierras de labor que iban a desaparecer bajo las aguas, aunque quizá su actitud hubiera sido distinta de no haber tenido su hogar fuera de los límites del futuro lago. Lo único que mostró fue alivio; alivio ante la idea de que los valles por los cuales había vagabundeado toda su vida iban a desaparecer. Estarían mejor debajo del agua..., mejor debajo del agua desde los extraños días. Y, al decir esto, su ronca voz se hizo más apagada, mientras su cuerpo se inclinaba hacia delante y el dedo índice de su mano derecha empezaba a señalar de un modo tembloroso e impresionante. Fue entonces cuando oí la historia, y mientras la ronca voz avanzaba en su relato, en una especie de misterioso susurro, me estremecí una y otra vez a pesar de que estábamos en pleno verano. Tuve que interrumpir al narrador con frecuencia, para poner en claro puntos científicos que él sólo conocía a través de lo que había dicho un profesor, cuyas palabras repetía como un papagayo, aunque su memoria había empezado ya a flaquear; o para tender un puente entre dato y dato, cuando fallaba su sentido de la lógica y de la continuidad. Cuando hubo terminado, no me extrañó que su mente estuviera algo desequilibrada, ni que a la gente de Arkham no le gustara hablar del marchito erial. Me apresuré a regresar a mi hotel antes de la puesta del sol, ya que no quería tener las estrellas sobre mi cabeza encontrándome al aire libre. Al día siguiente regresé a Boston para dar mi informe. No podía ir de nuevo a aquel oscuro caos de antiguos bosques y laderas, ni enfrentarme otra vez con aquel gris erial donde el negro pozo abría sus fauces al lado de los derruidos restos de una casa de labor. La alberca iba a ser construida inmediatamente, y todos aquellos antiguos secretos quedarían enterrados para siempre bajo las profundas aguas. Pero creo que ni cuando esto sea una realidad, me gustará visitar aquella región por la noche..., al menos, no cuando brillan en el cielo las siniestras estrellas. |
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Cuando llegué a las colinas y valles para acotar los terrenos destinados a la nueva alberca, me dijeron que el lugar estaba embrujado. Esto me dijeron en Arkham, y como se trata de un pueblo muy antiguo lleno de leyendas de brujas, pensé que lo de embrujado debía ser algo que las abuelas habían susurrado a los chiquillos a través de los siglos. El nombre de "marchito erial" me pareció muy raro y teatral, y me pregunté cómo habría llegado a formar parte de las tradiciones de un pueblo puritano. Luego vi con mis propios ojos aquellas cañadas y laderas, y ya no me extrañó que estuvieran rodeadas de una leyenda de misterio. Las vi por la mañana, pero a pesar de ello estaban sumidas en la sombra. Los árboles crecían demasiado juntos, y sus troncos eran demasiado grandes tratándose de árboles de Nueva Inglaterra. En las oscuras avenidas del bosque había demasiado silencio, y el suelo estaba demasiado blando con el húmedo musgo y los restos de infinitos años de descomposición. En los espacios abiertos, principalmente a lo largo de la línea del antiguo camino, había pequeñas casas de labor; a veces, con todas sus edificaciones en pie, y a veces con sólo un par de ellas, y a veces con una solitaria chimenea o una derruida bodega. La maleza reinaba por todas partes, y seres furtivos susurraban en el subsuelo. Sobre todas las cosas pesaba una rara opresión; un toque grotesco de irrealidad, como si fallara algún elemento vital de perspectiva o de claroscuro. No me estuvo raro que los extranjeros no quisieran permanecer allí, ya que aquélla no era una región que invitara a dormir en ella. Su aspecto recordaba demasiado el de una región extraída de un cuento de terror. Pero nada de lo que había visto podía compararse, en lo que a desolación respecta, con el marchito erial. Se encontraba en el fondo de un espacioso valle; ningún otro nombre hubiera podido aplicársele con más propiedad, ni ninguna otra cosa se adaptaba tan perfectamente a un nombre. Era como si un poeta hubiese acuñado la frase después de haber visto aquella región. Mientras la contemplaba, pensé que era la consecuencia de un incendio; pero, ¿por qué no había crecido nunca nada sobre aquellos cinco acres de gris desolación, que se extendía bajo el cielo como una gran mancha corroída por el ácido entre bosques y campos? Discurre en gran parte hacia el norte de la línea del antiguo camino, pero invade un poco el otro lado. Mientras me acercaba experimenté una extraña sensación de repugnancia, y sólo me decidí a hacerlo porque mi tarea me obligaba a ello. En aquella amplia extensión no había vegetación de ninguna clase; no había más que una capa de fino polvo o ceniza gris, que ningún viento parecía ser capaz de arrastrar. Los árboles más cercanos tenían un aspecto raquítico y enfermizo, y muchos de ellos aparecían agostados o con los troncos podridos. Mientras andaba apresuradamente vi a mi derecha los derruidos restos de una casa de labor, y la negra boca de un pozo abandonado cuyos estancados vapores adquirían un extraño matiz al ser bañados por la luz del sol. El desolado espectáculo hizo que no me maravillara ya de los asustados susurros de los moradores de Arkham. En los alrededores no había edificaciones ni ruinas de ninguna clase; incluso en los antiguos tiempos, el lugar dejó de ser solitario y apartado. Y a la hora del crepúsculo, temeroso de pasar de nuevo por aquel ominoso lugar, tomé el camino del sur, a pesar de que significaba dar un gran rodeo. |
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Al Oeste de Arkham las colinas se yerguen selváticas, y hay valles con profundos bosques en los cuales no ha resonado nunca el ruido de un hacha. Hay angostas y oscuras cañadas donde los árboles se inclinan fantásticamente, y donde discurren estrechos arroyuelos que nunca han captado el reflejo de la luz del sol. En las laderas menos agrestes hay casas de labor, antiguas y rocosas, con edificaciones cubiertas de musgo, rumiando eternamente en los misterios de la Nueva Inglaterra; pero todas ellas están ahora vacías, con las amplias chimeneas desmoronándose y las paredes pandeándose debajo de los techos a la holandesa. Ammi Pierce es testigo de los acontecimientos y sirve de informador al personaje que relata la historia. Sus antiguos moradores se marcharon, y a los extranjeros no les gusta vivir allí. Los francocanadienses lo han intentado, los italianos lo han intentado, y los polacos llegaron y se marcharon. Y ello no es debido a nada que pueda ser oído, o visto, o tocado, sino a causa de algo puramente imaginario. El lugar no es bueno para la imaginación, y no aporta sueños tranquilizadores por la noche. Esto debe ser lo que mantiene a los extranjeros lejos del lugar, ya que el viejo Ammi Pierce no les ha contado nunca lo que él recuerda de los extraños días. Ammi, cuya cabeza ha estado un poco desequilibrada durante años, es el único que sigue allí, y el único que habla de los extraños días; y se atreve a hacerlo, porque su casa está muy próxima al campo abierto y a los caminos que rodean a Arkham. En otra época había un camino sobre las colinas y a través de los valles, que corría en mi recta donde ahora hay un marchito erial1; pero la gente dejó de utilizarlo y se abrió un nuevo camino que daba un rodeo hacia el sur. Entre la selvatiquez del erial pueden encontrarse aún huellas del antiguo camino, a pesar de que la maleza lo ha invadido todo. Luego, los oscuros bosques se aclaran y el erial muere a orillas de unas aguas azules cuya superficie refleja el cielo y reluce al sol. Y los secretos de los extraños días se funden con los secretos de las profundidades; se funden con la oculta erudición del viejo océano, y con todo el misterio de la primitiva tierra. |
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http://www.youtube.com/watch?v=EVj-wRubAzw |
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TÍTULO ORIGINAL The Curse AÑO 1987 DURACIÓN Sugerir trailer/vídeo 92 min. DIRECTOR David Chaskin, David Keith GUIÓN David Chaskin (Historia: H.P. Lovecraft) MÚSICA Franco Micalizzi FOTOGRAFÍA Robert Forges REPARTO Claude Akins, Cooper Huckabee, Malcolm Danare, Wil Wheaton PRODUCTORA Trans World Entertainment (TWE) GÉNERO Terror. Ciencia ficción SINOPSIS Para el joven Zach Hayes la vida en la granja de su madre sólo significa trabajar duro durante largas y agotadoras horas y sobrellevar resignadamente las violentas disputas familiares que el irascible y fanático carácter de su padrastro provoca constantemente, hasta que cierta noche un meteorito cae sorpresivamente del cielo sobre la plantación de manzanos de la granja, transformando terrorificamente su habitual modo de vida. El meteorito está contaminando toda la granja y envenenando mortalmente a la familia Hayes... Adaptación de una historia de H.P. Lovecraft. http://www.youtube.com/watch?v=jwd3jtcQ-nQ |
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http://www.youtube.com/watch?v=qPz0b0seI0k |
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’El color que cayó del cielo’, aventura gráfica española para los amantes de Lovecraft ‘El color que cayó del cielo’ es el título de la primera aventura gráfica de Final Boss Studio, un equipo de artistas españoles que se han lanzado a adaptar el relato de H.P.Lovecraft del mismo nombre en el que un ingeniero llegará a Arkham para preparar la construcción de un embalse y descubrirá el horrible ser que se oculta en su subsuelo tras la caída de un meteorito en una zona que desde entonces se ha conocido como la “landa maldita”. Formado por tan solo diez personas, el equipo de Final Boss Studio lleva cerca de un año trabajando concienzudamente en la que, como ellos mismos afirman, pretende ser la primera adaptación oficial de uno de los relatos más inquietantes de H.P. Lovecraft. El juego podrá descargarse gratuitamente desde Internet en forma de episodios, de modo que los jugadores puedan dar sus impresiones para que sean tenidas en cuenta en los siguientes capítulos. |
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El color que cayó del cielo Tras dos entradas dedicadas a cómo percibimos el color, es casi obligatorio comentar un relato de H. P. Lovecraft, titulado «El color que cayó del cielo», o «El color de fuera del espacio», dependiendo de la traducción (el título original es «The Colour Out of Space»). La historia gira en torno a un meteorito que cae en el campo, y poco a poco la vida de alrededor se va marchitando, y algunas personas enloquecen. Todo ello debido a algún tipo de ente que llegó a la Tierra en ese meteorito. A lo largo del relato, se menciona varias veces la presencia de un color desconocido para el hombre, imposible de describir, asociado al meteorito. Así, unos profesores de la ficticia Universidad de Miskatonic estudian un fragmento y «al ser calentada ante el espectroscopio mostró unas brillantes bandas distintas a las de cualquier color conocido del espectro normal». Dentro del meteorito, se halla una sustancia extraña cuyo color se nos describe así: «El color, parecido al de las bandas del extraño espectro del meteoro, era casi imposible de describir; y sólo por analogía se atrevieron a llamarlo color». Las descripciones sobre la incapacidad de describir el color se repiten a lo largo del relato: «su color era tan raro que no podía ser descrito con palabras», «su color era también muy extraño (...) igualmente desconocido para cualquiera que lo viera», «no correspondía a ninguno de los matices que el ojo humano había visto hasta entonces». Bueno, os hacéis una idea ¿no? Un color desconocido por el hombre, nunca visto, y que no se parecía a ningún otro color. Un color de otro mundo. Pero si habéis leído las entradas anteriores dedicadas al color, comprenderéis que no tiene sentido. El color es un producto de las distintas reacciones de los conos de nuestros ojos ante la luz visible, es decir, ante fotones cuya frecuencia está en un rango determinado del espectro electromagnético. Dicho rango va del rojo al violeta, pasando por todos los colores del arco iris. La radiación electromagnética que cae fuera del rango de la luz visible (y podríamos incluir el ultravioleta cercano en el rango visible, por cierta anécdota contada por Sildur), es invisible para nosotros. No tiene sentido, por tanto, esa referencia a las bandas fuera del espectro normal. Si estaban fuera del espectro de luz visible, entonces no eran ningún color. No era luz visible y no se podía ver con el ojo humano. Y si estaban dentro del rango de luz visible, entonces corresponderían necesariamente a colores conocidos, concretamente, colores espectrales. Como ya sabéis, el resto de colores corresponden a mezclas de colores espectrales. Uno puede pensar que tal vez haya combinaciones de estimulaciones de nuestros conos, que nadie, o poca gente, haya experimentado, por no encontrarse en la naturaleza. Pero dado que el color es en cierta forma una «invención» de nuestro cerebro, una forma de interpretar esas estimulaciones, ciertamente lo veríamos parecido a otro color familiar. Podéis experimentar vosotros mismos con los sitios Color Creator o 4096 Color Wheel, donde en la propia página podéis mezclar (aditivamente) rojo, verde y azul para obtener cualquier color de la gama RGB. Intentad crear colores raros. Aunque no tengáis un nombre para el color, seguro que podréis describirlos en términos de parecido a otros colores («verde grisáceo amarillento», o «marrón tirando a rojizo»). No creo que encontréis alguno «imposible de describir». Y antes de que alguien lo mencione, sí, ya sé que así no conseguiremos reproducir toda la gama de color perceptible por el ojo humano, pero si revisáis las figuras de la entrada anterior, veréis que los colores que «faltan» no son especialmente extraños, pues están entre nuestro triángulo y los colores espectrales o la línea recta de los magenta. |
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Es una historia fantástica o "weird fiction" (ficción rara) escrita por H. P. Lovecraft en marzo de 1927. Pudiera ser considerada noveleta. Es considerada uno de los mejores cuentos de horror de todos los tiempos. Argumento La historia es contada en primera persona por un ingeniero encargado de hacer un estudio para edificar un embalse en un remoto paraje llamado Arkham. Allí encuentra un área de terreno denominada "landa maldita" que es distinta a todas y que le causa extrañas y poco agradables sensaciones. Un anciano vecino del lugar le explica que el motivo del estado de esa parcela es que un meteorito se estrelló cerca de una granja liberando un ser extraño que se escondió en el fondo del pozo; con el transcurrir el tiempo, a medida que ese veneno del espacio se extendía, las plantas y árboles primero (árboles que llegan a cobrar movimiento en sus ramas), y los animales después, empiezan a sufrir mutaciones, cambios de color, olores desagradables, acabando afectando a la familia que habita la granja, aislándola de la sociedad en que vivía y enloqueciéndola hasta morir en un trágico final, y el ingeniero decide abandonar su trabajo electrizado por el horror que descubre. Sin embargo al parecer la zona afectada crecía a una medida de una pulgada cada año, lo cual da pie a pensar que parte del ser terrible continuaba escondido en la zona esperando. |
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El color que cayó del cielo (1927) es uno de los mejores y más afamados cuentos escritos por Lovecraft gracias a su medida y acertada mezcla de ciencia ficción y terror. Dos géneros hermanos que se desarrollan en perfecta simbiosis bajo la magistral batuta del genio de Providence, proyectándose sobre el lector con la fuerza añadida de un barroco lenguaje hiperadjetivado que en este caso no es un superfluo elemento ornamental, sino un recurso imprescindible para poder describir con precisión de cirujano la sutileza que representa elevar el mayor de los horrores cósmicos a un color, una criatura extraterrestre que está más allá de la compresión humana y que devora de manera implacable la razón y la vida de una familia de campesinos de la Norteamérica profunda, convirtiendo la tierra, la vegetación y la fauna del lugar en un retrato impresionista en el que las formas se diluyen ante la supremacía de los colores. En El color que cayó del cielo, el horror se define en forma de elementos cromáticos, una innovación literaria en el género de terror que tuvo una excelente recepción por parte del público, trascendiendo desde el ámbito literario al cinematográfico, incluso al televisivo, con diversas versiones y reinterpretaciones que lo han convertido en un tema clásico de la ciencia ficción y el terror, casi en un género en sí mismo. El relato vio la luz por primera vez en el número de septiembre de 1927 de la mítica y pionera Amazing Stories, comandada en sus inicios por Hugo Gernsbanck, otro de los nombres míticos de la ciencia ficción y de los pulp americanos. Amazing, al igual que Weird Tales o Astounding, fueron algo más que un soporte para publicar relatos de terror o fantasía, fue el medio a través del cual se pusieron en contacto los primeros fans de este tipo de literatura, creándose lo que hoy llamaríamos una “red social” en la que compartían intereses y proyectos una pléyade de jóvenes escritores y de aficionados, logrando muchos de estos últimos dar el salto a la categoría de autor gracias a la ayuda de las plumas ya consagradas en el mundillo pulp. De aquí surgirían vocaciones que llegarían a buen puerto, como la de Catherine L. Moore o Robert Bloch, y amistades duraderas como las que el propio Lovecraft cultivaría con genios como Robert E. Howard o Clark Ashton Smith, entre otros; pero si tenemos que destacar un "imitador" de la obra de Lovecraft en particular y de este relato en particular, hay que señalar a Henry Kuttner y su obra La criatura de allende el infinito (1940), editado recientemente en nuestro país por La Biblioteca del Laberinto como parte de la recopilación La criatura de allende el infinito y los relatos lovecraftianos. En esta obra Kuttner, al igual que Lovecraft, describe el mal como una entidad procedente de lo más recóndito del espacio exterior, algo vivo que no responde a las leyes generales de la física que absorbe de manera horrible la vida de todo tipo de seres vivos. En ambos casos, las extrañas formas de vida alienígena se presentan como seres que están más allá de una descripción convencional; en el caso de Kuttner el mal es "una niebla anormalmente espesa" que acaba conviertiendo a las personas en "momias chamuscadas", mietras que Lovecraft lo describía como "un color frío y húmedo, pero que quema" La génesis de The Colur Out of Space, escrito entre El caso de Charles Dexter Ward y los retoques finales del ensayo El Horror Sobrenatural en la Literatura, hay que situarlo en la inspiración que el propio Lovecraft dijo recibir al contemplar la construcción del embalse de Scituate en Rhode Island; teniendo como base una experiencia que, a la mayoría de los mortales nos parecería totalmente intranscendente, la imaginación de Lovecraft tomo cuerpo en forma de un nuevo tipo de terror en forma de color y se transforma en la voz narrativa que nos cuenta en primera persona los hechos que tuvieron lugar en un lúgubre paraje de Arkham, la ciudad imaginaria plagada de horrores que por derecho propio se ha ganado un lugar de mérito entre otras creaciones literarias como la Macondo de G. B. Márquez o el ficticio condado de Yoknapatawpha que Faulkner utilizó como escenario para sus personajes. El relato nos llega a través de un joven ingeniero encargado de realizar una serie de estudios del terreno en el que se tiene previsto construir un embalse. En uno de los reconocimientos que hace del lugar encuentra una zona extrañamente árida a la que los lugareños evitan. El lugar, conocido como el "erial maldito", es un paramo desolado en el que la vegetación no crece y el suelo presenta una rara tonalidad grisácea. Intrigado por la mortecina apariencia del lugar, el joven pregunta a un anciano del lugar, de nombre Ammi Pierce. El lugareño, a pesar de las reticencias iniciales, lo pone en antecedentes de los hechos que convirtieron la zona más fértil del lugar en el lugar de pesadilla en el que se ha convertido, y cómo los Gardner, la familia de campesinos que explotaban felizmente el lugar, tuvieron un final mucho peor que la muerte atacados por la locura y un extraña enfermedad que les deshacía la carne. Ammi cuenta cómo empezó todo el día que un meteorito cayó en las inmediaciones de la granja en el ya lejano año de 1882, cuando el viejo Ammi Pierce todavía era un hombre joven y fuerte. El extraño meteorito se comportaba de una manera extraña: no se termina de enfriar y los análisis que le son realizados por tres científicos provenientes de la Universidad de Miskatonic (otra de las invenciones de Lovecraft) arrojan más misterio al asunto al no lograr equiparar el material que compone la roca del espacio con un material conocido. Nahum Gardner, propietario de la granja, fue el primero en encontrar el meteorito, creyendo ver en un primer momento como extraño ser o color imposible de definir abandonaba la roca ígnea caída del cielo y se escondía en el cercano pozo de la granja. Al año siguiente, con la llegada de la cosecha, comienzan a suceder una serie de extraños acontecimientos en la zona, teniendo su epicentro en la granja de la familia Gadner: los cultivos crecían de manera espectacular, como no lo habían hecho nunca , brillando extrañamente en la oscuridad al igual que la vegetación que circunda la zona próxima al pozo. Los frutos que nacían en las plantas tenían un tamaño desmesurado, previendo una cosecha espectacular, pero no los podían vender porque se pudrían y despedían un olor nauseabundo. Poco después la esposa de Nahum y sus hijos enloquecen y mueren de manera horrible por efecto de beber el agua del pozo; los animales de la granja y la fauna salvaje de la zona, sufren extrañas mutaciones y se vuelven violentas; incluso los árboles parecen cobrar vida presos de un instinto homicida que les hace dirigir sus ramas hacia todo aquel que esté próximo a ellos. Ante la gravedad de los sucesos que descubre, el ingeniero abandona la zona sin terminar el trabajo que le fue encomendado, dejando tras de sí la certeza de que aquello que provocó tal horror todavía permanece oculto en el pozo de la granja, alimentándose de la propia zona que, a cada año que pasa, crece un poco más, aumentando la desolación a una zona más amplia del terreno. En sí, el relato presenta varios de los temas recurrentes de Lovecraft: la imposibilidad de escapar al destino que en este caso representa el desconocido horror procedente del espacio y la insignificancia del hombre en un universo que desconocemos por completo, expuesto a los caprichos y designios de la maldad de seres infinitamente superiores a la débil raza humana. Con trabajos como el presente, Lovecraft marcó un camino propio dentro del género de terror, apartándose de los trillados temas del vampiro, fantasma de todo tipo y satanismo al incorporar elementos hasta entonces tratados como elementos de ciencia ficción. En resumen, que por lo breve del mismo, siempre es recomendable volver de tanto en tanto a repasar un clásico fundamental de la literatura del terror y la ciencia ficción como es El color que cayó del cielo y compararlo con los infumables ladrillos sobre vampiros amanerados y zombis andrajosos que hoy día compone la "moderna" literatura de terror. |
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http://www.youtube.com/watch?v=yC0Gqt8VRKk |
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Una revista electrónica con relatos de miedo lovecraftianos y de los Mitos de Cthulhu. |
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Henry Armitage |
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Lovecraft: Miedo a lo Desconocido (2008)- Guillermo del toro, John Carpenter y muchos más nos descubren la historia de Howard Phillips Lovecraft, el creador de los mitos de Cthulhu, en un documental, dirigido por Frank H. Woodhard, que sirve de crónica de su vida, sus pensamientos y sus trabajos. http://www.youtube.com/watch?v=hBN7LtESqRw |
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Es una selección de obras de Lovecraft editada en tapas duras, algo que nuestro autor siempre quiso, puesto que solamente pudo ver sus relatos publicado en los pulps de los años 20, revistas que se convirtieron en un género por lo económico de su precio debido al uso de un papel de poca calidad, la pulpa de papel o pulp. Henry Armitage de Innsmouth |
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Traducido de H.P. Lovecraft Misconceptions, un artículo del H.P. Lovecraft Archive. Mucho se ha escrito y hablado en estos setenta años, sobre la vida y obra del escritor más famoso de Providence, pero no todo es verdad. Rumores, bulos, verdades a medias, sospechas y hasta chismes han rodeado la historia de un hombre cuya existencia fue anodina. Tal vez todos esos mitos han aparecido simplemente porque parece mentira que una literatura tan llena de misterios, oscuridad y leyendas perteneciera a un personaje lánguido y aburrido, cuyas hazañas no cautivan tanto como sus letras. MITO 1 Lovecraft fue un ermitaño que nunca dejó Nueva Inglaterra Muchos se han referido a Lovecraft a menudo como un hombre enclaustrado, quizás porque se cree que tuvo más amigos por correspondencia que en persona. Sin embargo, está claro por sus cartas que pasó una gran cantidad de tiempo visitando a sus conocidos en su ciudad y a través de todo el este de los Estados Unidos. De hecho, se podría argumentar que pudo reunirse con sus amigos más de lo que suele hacerlo la mayoría de la gente, debido a su constante falta de empleo. Lovecraft viajó a menudo y escribió extensamente sobre esos recorridos. Sus diarios de viajes incluyen “Vermont: Una Primera Impresión” (1927), “Observaciones Respecto a Varias Partes de América” (1928), “Recorridos en las Provincias de América” (1929), “Balance De Una Visita A Charleston” (1930), y “Una Descripción De La Ciudad De Quebeck, en Nueva Francia, añadida recientemente a los dominios de Su Majestad Británica”. Con 75.000 palabras, este último fue el trabajo más largo de Lovecraft (por lo menos un 50% más extenso que el Caso de Charles Dexter Ward), y él lo describió como “136 páginas de mala escritura.” Sus viajes lo llevaron bastante lejos al sur, hasta De Land (Florida) y Nueva Orleans (Luisiana); hasta el lejano oeste en Cleveland (Ohio); hasta el norte en Quebec (Canadá) y hasta la isla de Nantucket por una semana. Tenía muy poco de ‘ermitaño’. MITO 2 Lovecraft era homosexual El hecho de que Lovecraft tuvo poco éxito con las mujeres y en cambio tuvo muchos amigos varones, ha llevado a ciertas personas a creer que fue homosexual. Sin embargo, hay que recordar que Lovecraft estuvo casado (brevemente) y su esposa lo describió como “un amante adecuadamente excelente” (Sonia H. Davis, en “Memories of Lovecraft: I,” The Arkham Collector, No. 4, Invierno 1969). Algunos de los amigos y conocidos de Lovecraft (especialmente Roberto H. Barlow, Samuel Loveman, y Hart Crane) eran homosexuales, pero él no parece haberse dado cuenta de esto. Lovecraft deja claras sus actitudes frente a la homosexualidad en una carta a J. Vernon Shea fechada el 14 de agosto de 1933: “De hecho –aunque por supuesto siempre he sabido que la pederastia es una costumbre repugnante de la homosexualidad en muchas culturas antiguas– nunca he oído nada referido a la homosexualidad como un instinto después de los treinta… lo cual sobrepasa tu marca. Es posible, creo, que esta perversión ocurra con más frecuencia en algunas edades que en otras, debido a ciertas causas biológicas y psicológicas poco claras. Los años de decadencia –cuando la psicología no resuelve nada– parecen favorecerla. Desde luego, el hecho de que en épocas antiguas estuviera extendida la práctica de la pederastia (una costumbre que muchos aceptaban ciegamente, sin ninguna inclinación especial), no puede ser tomado actualmente como una medida del grado de perversión psicologica.” Adicionalmente, en una carta August Derleth con fecha del 16 de febrero de 1933, Lovecraft también escribe: “en lo que se refiere a la homosexualidad, la principal y primordial objeción contra ello es que es de naturaleza (física e involuntariamente, no simplemente moral o estéticamente) repugnante a una mayoría abrumadora de la humanidad…” Algunos pueden discutir que esta postura de Lovecraft es simplemente defensiva, pero no existe ninguna evidencia para indicar que existió algún tipo de inclinación homosexual. Desde luego, esto no quiere decir tampoco que sus inclinaciones heterosexuales fueran especialmente fuertes. Lovecraft, como muchos intelectuales, se centró sus atenciones y esfuerzos en búsquedas más mentales que físicas, y sencillamente no tenía ningún tipo de intereses sexuales intensos. MITO 3 “Colaboraciones Póstumas” de Augusth Derleth Después de la muerte de Lovecraft, Augusth Derleth tomó fragmentos de los escritos de Lovecraft (del “Libro de Lugares Comunes”, por ejemplo), y las incorporó en historias, escritas enteramente por él mismo. De acuerdo con la “Bibliografía” de S.T. Joshi, el relato “El Que Acecha en el Umbral” de Derleth, con más de 50.000 palabras, incorpora sólo 1.200 palabras escritas por Lovecraft. Ninguna de estas ‘colaboraciones póstumas’ deben ser consideradas como escritas por Lovecraft. A pesar de esto, muchas de esas historias se han publicado con Lovecraft y Derleth como autores, o solamente bajo el nombre de Lovecraft. Ciertos libros incluyen relatos como éste con el nombre de Lovecraft en la portada, aunque fueron casi enteramente un trabajo de Derleth —> (me gustaría verle la cara a los Anti-Derleth que adoran esta historia al saber este dato…) Mito 4 Hastur el Innombrable fue una invención de Lovecraft Hastur es mencionado solamente por Lovecraft en una historia, “El Que Susurra en la Oscuridad” En este caso, Hastur se menciona en la misma escena que otras criaturas, lugares, y cosas: “Me encontré miserablemente enfrentado a términos que había escuchado en alguna otra parte en la más horrible de las conexiones – Yuggoth, el Gran Cthulhu, Tsathoggua, Yog-Sothoth, R’lyeh, Nyarlathotep, Azathoth, Hastur, Yian, Leng, the Lake of Hali, Bethmoora, el Signo Amarillo, L’mur-Kathulos, Bran, y el Magnum Innominandum – y fui arrastrado a través de eones sin nombre y dimensiones inconcebibles a los mundos de los Primigenios, las entidades que el autor enloquecido del Necronomicón había concebido solamente de una forma vaga.” Hastur fue pedido prestado por Lovecraft a Robert W. Chambers, quien a su vez lo había tomado prestado de Ambrose Bierce. En “Un Habitante de Carcosa”, Bierce describe a Hastur como un dios de pastores. Chambers lo utiliza más adelante como el nombre como el de una ciudad. Lovecraft nunca deja claro lo que desea que sea Hastur: su sola mención se realiza para evocar una atmósfera. En el párrafo citado del relato “El Que Susurra en la Oscuridad” se puede observar que el último nombre de la lista es el Magnum Innominandum, la expresión latina para “lo que no debe ser nombrado” (corrección de Helena, del latín al español: “Lo más Grande que no debe ser nombrado”.) Como de costumbre, Lovecraft no deja claro a qué se refiere pero, al parecer, Derleth combinó esta referencia con la de Hastur para crear a “Hastur el Innombrable”. MITO 5 Cita de Lovecraft sobre magia negra En su introducción a “El Horror de Dunwich”, Augusth Derleth cita el siguiente comentario de Lovecraft: “El esquema de los Mitos es básico en la historia del género humano, pues representa la lucha original entre el bien y el mal. En esto, se asemejan extraordinariamente al mito cristiano, sobre todo por lo que se refiere a la expusión de Satanás del Edén y a la encarnación eterna del mal en la figura de Satanás. “Todas mis narraciones, aun cuando no guarden relación entre sí”, escribió Lovecraft, “ se basan en la tradición o leyenda según la cual este mundo estuvo habitado en épocas anteriores por otra raza que, como consecuencia de las prácticas de magia negra, perdió su dominio y fue expulsada, pero vive en algún lugar del exterior dispuesta en todo momento a volver a adueñarse de la Tierra”. De hecho, esta cita no es de Lovecraft, sino de Harold Farnese, un corresponsal suyo. Después de la muerte de Lovecraft, Derleth escribió a Farnese, preguntándole si podría pedirle información sobre las cartas de Lovecraft. Farnese accedió alegremente, y le envió cartas con dicha información. En las cartas que Farnese escribió a Derleth, constantemente aparece ‘citando’ a Lovecraft, aunque estas citas parecen ser, en el mejor de los casos, sólo interpretaciones. En una de ellas, Farnese escribió: “Sobre felicitar a HPL sobre su trabajo, él me contestó: “Todas mis narraciones, aun cuando no guarden relación entre sí, se basan en la tradición o leyenda según la cual este mundo estuvo habitado en épocas anteriores por otra raza que, como consecuencia de las prácticas de magia negra, perdió su dominio y fue expulsada, pero vive en algún lugar del exterior dispuesta en todo momento a volver a adueñarse de la Tierra.” Derleth tomó esta cita como un hecho y la utilizó en varias ocasiones, pero en las investigaciones sobre la correspondencia de Lovecraft no aparece el texto. Las comparaciones de las referencias revelan que Farnece no estaba realizando citas textuales, sino escribiendo lo que recordaba . MITO 6 La descripción de Lovecraft del Símbolo Arcano (Elder Sign) En ninguno de sus cuentos, Lovecraft da una descripción física de este símbolo. Lo menciona apenas cuatro veces, y parece ser que se trata de un gesto de la mano. En una carta a Clark Ashton Smith, fechada el 7 de noviembre de 1930, Lovecraft finaliza con el siguiente comentario: “De nuevo te agradezco en nombre de Tsathoggua por tus recientes envíos, y espero ver pronto más artículos de tu pluma. Añado el Símbolo Arcano y el Sello de N’gah, otorgados en el Oscuro Ciclo de Y’hu.” Seguidamente, Lovecraft firmó con su nombre (“Ec’h-Pi-El”), y dibujó dos peculiares figuras. La última, el Sello de N’gah, parece ser un escarabajo macho con seis patas y tres cuernos. La anterior, el Símbolo Arcano, se asemeja a la rama de un pino o un abeto, y está dibujada a la derecha. La idea de que el Símbolo Arcano es un pentagrama con un ojo llamenante en el centro es debida a la descripción de Augusth Derleth en “El Que Acecha en el Umbral”. MITO 7 El Necronomicon es verdadero Esta es, con facilidad, la idea falsa más extendida con respecto a Lovecraft. Han aparecido libros enteros con el nombre del Necronomicón, llenos de conjuros y descripciones inventadas. Y en multitud de bibliotecas (incluyendo la del Congreso de los Estados Unidos) hay fichas bibliográficas del Necronomicón. Comentar este tema requeriría probablemente un libro entero para documentar todos los bulos que lo rodean. MITO 8 La inspiración de Lovecraft proviene de la mitología sumeria Esta idea errónea, muy común, proviene la edición falsa del Necronomicon de un tal “Simon”, muy divulgada por internet. El origen de este libro ficticio se basa supuestamente en la mitología sumeria y babilónica, y revela que Lovecraft exploró fuentes similares cuando creó su pseudo-mitología. Hace comparaciones entre las criaturas de Lovecraft y las figuras de la mitología sumeria: Lovecraft – Sumerios Cthulhu – Ctha-lu, Kutulu Azathoth – Azag-thoth Shub-Niggurath – Shub Ishniggarab Estas comparaciones son realmente poco convincentes, puesto que ninguno de estos nombres existe en las mitologías sumeria o babilónica. Cualquier buen texto que hable sobre cualquiera de las dos mitologías demuestra este dato. Además, sugerir que Lovecraft tuviera que plagiar estos nombres de una mitología existente, va en contra de su hábito de crear los nombres enteramente no humanos para sus criaturas y demerita la calidad de su imaginación. |
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Desde el más allá’, ‘El intruso’ y ‘Dagon’ En Desde el más allá, el autor holandés condensa en apenas diez páginas el relato corto de Lovecraft en el que mejor explota el uso de la luz por encima de la oscuridad reinante en las páginas de esta novela gráfica. Completan el libro los dos relatos más breves, de apenas ocho páginas cada una. Kriek juega con habilidad El intruso con la perspectiva del personaje protagonista, para no desvelar su apariencia hasta un impactante final a toda página. En Dagon enseña pedazos de la iconografía más puramente lovecraftiana, pero quizá es la historia peor resuelta, con un final más abrupto que impactante. Lovecraft sigue vigente en la narrativa contemporánea, y adaptaciones como ésta lo demuestran con poco lugar a la duda. El acierto de Kriek está en el respeto casi reverencial a la atmósfera de horror gótico y misterio fantástico que desprenden los relatos del escritor norteamericano, potenciado por el uso de un trazo firma y un intenso y oscuro blanco y negro que acrecienta la sensación de terror. Más que interesante para conocedores de la obra de Lovecraft, tanto como para los no iniciados en su trabajo. |
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Según el orden cronológico en la bibliografía del autor de Reanimator, los cinco relatos que incluye en libro son Dagon (escrito en 1917 y publicado dos años después), Desde el más allá (nació de la imaginación del autor en 1920, pero no se editó hasta 1934), El intruso (ideado en 1921, publicado en 1926), El color que cayó del espacio (escrito y editado en 1927) y La sombra sobre Innsmouth (el último en ver la luz, en 1936, que Lovecraft plasmó en papel en 1931). Algunos de estos relatos forman parte del grupo de esenciales del autor norteamericano, otros son algo más desconocidos. |
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Erik Kriek adapta cinco relatos del maestro del horror gótico en una novela gráfica en blanco y negro que refleja perfectamente las creaciones de Lovecraft. A pesar de que no fue un autor que cosechara éxitos literarios en vida, los años han hecho justicia con la imaginación macabra de H. P. Lovecraft, maestro del horror gótico. Hoy es, para muchos, un autor imprescindible. Y las adaptaciones de sus cuentos y relatos han proliferado. El cine los ha usado, y el cómic no puede ser menos. Erik Kriek ofrece en Desde el más allá y otras historias su visión de la estética y narrativa lovecraftianas en un auténtico festival del horror. Lovecraft visto desde Holanda La Cúpula publica H. P. Lovecraft. Desde el más allá y otras historias al precio de 17 euros. El libro contiene las adaptaciones de cinco relatos del escritor norteamericano: El intruso, El color que cayó del espacio, Dagon, Desde el más allá y La sombra sobre Innsmouth. El libro se completa con un prólogo de Gerard Soeteman y unas notas finales sobre Lovecraft escritas por Milan Hulsing, holandeses como Erik Kriek, autor de esta novela gráfica de marcado e intenso blanco y negro. Kriek, nacido en Amsterdam y conocido por Gutsman, una parodia de los cómics de superhéroes de la Edad de Oro, ha trabajado en el centenar de páginas de esta adaptación de relatos de Lovecraft durante un año. La edición en español de La Cúpula se pone a la venta prácticamente al mismo tiempo que el libro original en holandés y antes incluso de que la obra se traduzca al inglés. |
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Destacaría El Novísimo Algazife de Rafael Llopis, que pude conseguir cuando estaba prácticamente agotado y no no estaría de más el que se pudiera reeditar. Los algazifes de nuestro siglo XVII fueron resúmenes populares y muy a menudo groseras adulteraciones de "Al Azif", de Abdul Yasar al Hazrid, famoso tratado esotérico considerado como resumen y paradigma de toda necronomía, que, por esta razón, fue traducido al griego y al latín con el título de "Necronomicon". "El Novísimo Algazife o Libro de las Postrimerías" es un libro inclasificable que propone una nueva lectura de los mitos egipcios y los de Cthulhu, a los que hace coincidir, entre vampiros, extraterrestres y moros encantados, en una danza macabra como las del milenio pasado. El algazife está lleno de puertas que comunican con otras dimensiones. El lector desprevenido puede encontrarse, cuando menos se lo espere, volando en mundos fantásticos que antes sólo había presentido en sueños. Pero no se asuste. El vacío está lleno de caminos invisibles y la magia del algazife irá guiando al inopinado viajero por sendas garantizadas que, también cuando menos se lo espere, le devolverán de pronto, sano y salvo, a su butaca original. Sin embargo, ¿será exactamente la misma butaca? Rafael Llopis es psiquiatra y especialista en literatura fantástica, autor principalmente de antologías y estudios sobre el tema: "Cuentos de Terror" (Taurus, 1963), "Los mitos de Cthulhu" (Alianza Editorial, 1969), "Historia natural de los cuentos de miedo" (Júcar, 1974). Henry Armitage de Innsmouth |
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Ángel Vivas | Madrid (En www.elmundo.es) En 1941, cuando las tropas de Hitler se están merendando Europa en un avance que parece imposible de contener (todavía no se han metido en el avispero de Rusia), un destacamento de soldados alemanes llega a una antigua fortaleza en Rumanía, en la región de los Cárpatos. Los Cárpatos, Transilvania, ya saben... En efecto, las expectativas que esos meros nombres despiertan en el lector no tardan en cumplirse y, ya la primera noche, un par de soldados que se meten donde nadie los llama son destrozados por una extraña fuerza maléfica. Las muertes (horribles, las víctimas aparecen con las gargantas destrozadas) se suceden en las noches siguientes. Así que tienen que ir por allí un par de pelotones de las SS para ver qué pasa y tratar de solucionar el problema con sus métodos habituales. Pero el problema persiste. Y, por la forma de las muertes, lo misterioso y escurridizo del o los asesinos y el lugar en que se encuentran, a los alemanes no les queda más remedio que pensar en vampiros. El caso en que el castillo de marras aparecen también algunos libros antiguos muy extraños, como los manuscritos pnakóticos o alguna obra del árabe loco Abdul Alhazred, sobre los que el buen aficionado no necesitará más explicaciones y que le darán algunas pistas sobre lo que puede estar ocurriendo y que aquí, lógicamente, no podemos desvelar. Lo anterior es el arranque de ’La fortaleza¡, novela del norteamericano F. Paul Wilson que acaba de recuperar Alamut. F. Paul Wilson (1946) es un muy prolífico autor de novelas de fantasía y terror, admirador confeso de H. P. Lovecraft, reconocido con algunos premios importantes y auténtico ’best seller’ en Estados Unidos y otros países. ’La fortaleza’ es una de sus primeras novelas y conoció una versión cinematográfica que pasó sin pena ni gloria. Más allá de su trama, de lo divertido que pueda ser ver a los maestros en inspirar terror temblar ante un terror mayor que el suyo, y de la reflexión sobre el mal que contiene (el enfrentamiento entre el gran horror del siglo XX y los terrores más o menos fantásticos que, desde siempre, persiguen a la humanidad, y cómo unos se alimentan del otro), ’La fortaleza’ es un nuevo/viejo ejemplo de dos hechos muy de nuestros días: la mezcla de géneros y la continuación por nuevos autores de la obra de autores anteriores. En ambos casos, los vampiros y otros no muertos, como los zombis, están demostrando (es lo suyo, a fin de cuentas) una particular capacidad de supervivencia y adaptación. Los autores se nutren de libros anteriores (¿los vampirizan?) y los lectores quieren ver, y no se cansan de ello, a sus viejos y queridos protagonistas reciclados en nuevas aventuras. Por eso hemos podido leer cómo el mismísimo conde Drácula se casaba con la mismísima reina Victoria (en ’El año de Drácula’ de Kim Newman, Ed. Timun Mas), o (más difícil y más irreverente todavía) ver cómo se metían zombies en nuevas versiones de las obras de Jane Austen. Irreverencias aparte, lo que este fenómeno muestra es que la literatura se alimenta de literatura y los lectores no quieren que la fiesta, la que proporciona una buena lectura, se acabe. Por eso hay obras que continúan las peripecias del ’Quijote’ (Andrés Trapiello) o de ’La Regenta’ (Ramón Tamames); pero es en la literatura popular en la que el fenómeno se da con mayor frecuencia. Así, hay una espléndida continuación de ’El Señor de los Anillos’ (’El último anillo’ de Kiril Yeskov, también en Alamut) e innumerables reencarnaciones de uno de los personajes más populares de la historia de la literatura, Sherlock Holmes, resucitado por autores como Caleb Carr, Nicholas Meyer o el español Rodolfo Martínez, que le ha dedicado toda una tetralogía. Otros autores, como Lovecraft, creador de una auténtica cosmogonía, parecen estar pidiendo a gritos que los colegas entren en su mundo complejo y lleno de posibilidades, con sus dioses maléficos y sus libros prohibidos. Lo hicieron ya sus amigos, como August Derleth, y lo han seguido haciendo autores posteriores. ’La fortaleza’ de F. Paul Wilson es un ejemplo. Borges le homenajeó en un relato famoso y el primer cuento del gran Joan Perucho se llamó ’Amb la técnica de Lovecraft’. Aunque no incurriera en la ficción, no se puede olvidar la labor pionera, divulgadora y benemérita de Rafael Llopis, editor de ’Los mitos de Cthulhu’ y autor de esa deliciosa rareza, ’El Novísimo Algazife’. En su última novela, ganadora del Premio Primavera, ’Los invitados de la princesa’, Fernando Savater incluye un relato de ecos lovecraftianos, con una adolescente problemática que anda en tratos con la Universidad de Miskatonic (Miskatonic, los buenos aficionados tampoco necesitan aquí de mayores explicaciones). Pero quizá el autor español de estos años que más lejos ha ido en la utilización ’pro domo sua’ de Lovecraft sea José Carlos Somoza. En ’La llave del abismo’ (Plaza & Janés), con la que ganó el premio Ciudad de Torrevieja hace ya unos años, imaginaba que un grupo de gente se tomaba sus obras por una especie de libro sagrado en el que creían literalmente. Bueno, literalmente no se lo toman así, pero que los autores como él y los citados y los lectores que les siguen son devotos, de eso no hay duda. Pie de Imagen: Por alguna feliz razón, el legado del padre del terror es saqueado por sistema |
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I Acunan las olas el vacío de una soledad plomiza La noche me cubre hasta las sienes Y en mi cielo los dos soles apagados de tus ojos eléctricos. II Con la piel al aire y en la vacuidad de los colores del cristal líquido Abraza mis comisuras, engarza mi cintura que huele a sol Mientras los erizos negros motean prados infinitos de sal Hacemos redes con nuestras manos y pies del redondo y anaranjado azahar. III Lupanar de placeres veniales y mortíferamente carnales Donde no se rompen las caras marchitas del diamante Donde los dedos exaltan la flor del nervio Donde las yemas de los dedos frotan el tatuaje de un silencio muerto Donde la mirada tiene un sonido pétreo Donde las muñecas se parten en dos como abanicos de falso nácar Donde el horror de las sirenas nada entre las aristas de las rocas. IV El mar se ha hecho olvido El olvido palabra. V Soy grano de arena varado en la bajamar Arcilla de secano diluida en el bordado de tu divinidad salobre Ahogado en tus orillas del silencio. VI Moriré cuando tú mueras Navegando tierra adentro y corriendo alma afuera Y me comerá vivo cada eternidad de tus arenas. Henry Armitage FELIZ NAVIDAD |
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¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS MI MUY QUERIDO HENRY ARMITAGE !!!!
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Querido Sir Henry
Hyvää syntymäpäivää ! MRS Keziah |
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