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Otra de las medidas de este abyecto gobierno que entra en vigor ahora en septiembre es aquella por la cual se les retira la tarjeta sanitaria a los inmigrantes sin papeles, dejándolos así sin asistencia médica, más allá de la propia de urgencias, salvo en los casos de los menores, de los que parece que sí se han apiadado, y las embarazadas. Una medida que seguramente sea la más ruin, cruel e inhumana de cuantas han aprobado hasta ahora Mariano Rajoy y los suyos (lo que ya es decir, teniendo en cuenta la clase de escoria inmunda que son), y que según el diario El País se calcula que afectará a más de novecientas mil personas. Cerca de un millón de seres humanos, en suma, que ya se han visto privados en nuestro país, desde ayer, de un derecho tan básico como lo es el de la protección de la salud, y cuyas vidas han puesto en peligro por lo tanto, con su monstruosa decisión, los canallas del gobierno (que se lo digan a todos esos enfermos crónicos que aun no saben si seguirán recibiendo sus tratamientos o serán abandonados a su suerte, con las fatales consecuencias que eso tendría para ellos), con la misma pobre excusa con la que ya han cometido tantas y tantas barrabasadas en estos últimos meses: la falta de fondos públicos que ha traído como consecuencia esta gran estafa a la que algunos se empeñan en llamar crisis.
Porque para nuestros gobernantes, al parecer, resulta económicamente insostenible proporcionarle la debida atención médica a todas esas personas (que son eso, personas, y no simples números ni datos de una estadística, no lo olvidemos), algo a lo que tienen derecho incluso los presos condenados por los crímenes más atroces, por otra parte, al mismo tiempo que parecen culparlas de nuestra actual situación, viendo lo duramente que las castigan, cuando a mí, curiosamente, lo que me parece de verdad insostenible son otras muchas cosas, en ocasiones relacionadas, esta vez sí, con los verdaderos culpables de todo este embrollo. Por citar dos ejemplos nada más (habría otros muchos), el que la Iglesia siga sin pagar el IBI (Impuesto sobre los Bienes Inmuebles), aun siendo como es la segunda mayor propietaria de tales bienes en España, por detrás tan solo del propio Estado (y por delante de los mismísimos bancos, lo que ya tiene mérito hoy en día, vaya, después de que la burbuja inmobiliaria les haya explotado a estos en la cara y se hayan tenido que comer con papas miles de pisos y promociones que no les han podido pagar sus propietarios), o que las dichosas SICAV (Sociedades de Inversión de Capital Variable) tributen únicamente un ridículo 1% de sus beneficios (¡un 1%, por Dios!), muy lejano del 30 o el 40% de sus ingresos que puede llegar a pagarle a Hacienda cualquier currante, a través del IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas). Pero bueno, esto no hace sino confirmar una vez más cuales son las verdaderas prioridades de los mierdas que rigen actualmente los destinos del país, a los que no parece preocuparles demasiado el tener que pisotear a los más indefensos, incluso violando los Derechos Humanos si hace falta, como vemos, con tal de no tener que tocarles un pelo, y mucho menos un euro, a todos aquellos a quienes sirven de verdad con sus leyes, los más fuertes y poderosos, en definitiva, para los cuales gobiernan en realidad. Al fin y al cabo, tal y como reza el certero texto de una de esas imágenes que recorren las redes sociales, esto de la crisis parece ir de que "gente millonaria le paga a gente rica para que le diga a la clase media que la culpa es de la gente pobre". Y así pasa lo que pasa, claro; que para que las cuentas del Estado cuadren (que ni por esas cuadrarán, pero bueno) sin que la Iglesia tenga que pagar el IBI, ni los multimillonarios que se ocultan detrás de las SICAV tengan que tributar más que ese bochornoso 1% de los beneficios que obtienen a través de ellas (y son solo dos ejemplos, repito), cerca de un millón de personas han de quedarse sin asistencia médica, o pagarla a precio de oro, naturalmente, lo que dudo se pueda permitir, en su dramática situación, ninguna de ellas. Poco importa que nuestro sistema sanitario deje de ser ya, como lo había sido hasta ahora, para orgullo de muchos españoles, universal y gratuito; lo primero es lo primero, y para los criminales que nos gobiernan lo primero es que sus amos sigan aportándole al Estado lo menos posible, aunque sean los que más ganen y los que más tengan, sin importar las consecuencias. Especialmente si tales consecuencias las sufre, para más señas, un colectivo tan tradicionalmente despreciado como el de los inmigrantes. Esos mismos que un buen día llegaron a España atraídos por la promesa de una vida mejor, solo para encontrarse con una sociedad que los empujó a la marginalidad, cuando no a la delincuencia directamente, para así poder explotarlos mejor, haciéndolos débiles y vulnerables y asignándoles, a precio de saldo, todos esos trabajos que ninguno de nosotros, acomodados españolitos del Primer Mundo, queríamos hacer, como limpiar nuestras casas, cuidar de nuestros mayores, atender nuestros bares o hasta satisfacer los más bajos instintos de los clientes de turno, en el caso de la prostitución, y por los que ahora que las vacas flacas han llegado nos damos de tortas, sin embargo, en algunos casos, reclamándoles airadamente, no se sabe muy bien con qué derecho, que nos los cedan de nuevo, y regresen a todos esos países de los que vinieron. Como está demostrado, pues, que la xenofobia arrecia en tiempos de crisis (aceptemos de momento el eufemismo), y no hay más que fijarse en esta nueva medida del detestable gobierno del PP para constatarlo, o en esas masivas redadas que han llevado a cabo en Grecia, entre los inmigrantes, con el fin de expulsar a miles de ellos del país, los mismos que hace poco se espantaban por la ascensión del partido nazi heleno (más porque pudiera quitarles un pedazo del pastel, queda comprobado, que porque se encuentren verdaderamente distanciados, ideológicamente hablando, de los postulados del mismo), me parece oportuno recuperar esta canción que les traigo hoy, y que lleva por título "No me llames extranjero". Es obra de Rafael Amor, cantautor argentino afincado en España desde finales de los años 70’, y en su día se convirtió en un auténtico himno para toda la comunidad de sudamericanos que acabó recalando en nuestro país por aquellas fechas, muchas veces tras haber huido de alguna de las dictaduras militares que asolaron su continente en esa época. Escúchenla con atención, porque de verdad que no tiene desperdicio, y su mensaje se hace hoy además, en mi opinión, más necesario que nunca, sobre todo si tenemos en cuenta que los españoles estamos volviendo a sufrir una vez más, en nuestras carnes, el horrible drama de la emigración. http://www.youtube.com/watch?v=4DHfXSJt0ns |
Darth Sidious
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