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De nuevo ha vuelto a suceder. Las guitarras sonaron, las voces se alzaron, desplegando las imponentes alas de su canto libre, y los poderosos de la Tierra temblaron de miedo y corrieron raudos a darles su merecido a tan osadas gargantas, mediante el castigo más duro posible, para evitar que otras sigan su ejemplo, y que los ecos de esa música, rebelde y contestataria, recorran el planeta entero, del uno al otro confín.
Lo habrán leído, en fin, en la sección de internacional de la prensa: las tres integrantes del grupo de punk ruso "Pussy Riot" irrumpieron en una catedral ortodoxa, hace unos meses, y una vez allí procedieron a interpretar un irreverente rezo, en forma de canción, contra el gobierno de Vladimir Putin, y en señal de protesta por los estrechos lazos existentes entre los religiosos de esta confesión, una de las más mayoritarias de aquel país, y las altas esferas del Estado, oficialmente laico. Esto, que en cualquier nación medianamente civilizada se habría saldado con una simple multa, de mayor o menor cuantía según el gusto de cada cual, por alteración del orden público, ha hecho que las tres sean acusadas, en cambio, de vandalismo y de incitación al odio religioso, y condenadas a dos años de prisión. En Rusia, sí, precisamente en Rusia; con lo que ese país ha sido, históricamente, en lo referido a combatir las monumentales estafas que son todas las religiones institucionalizadas que jamás han existido... y para lo que ha quedado, ya ven. Claro que las chicas de "Pussy Riot" al menos han conseguido demostrar, gracias a tan autoritaria respuesta, la veracidad de lo que denunciaban; algo es algo. No hay que irse tan lejos, no obstante, para constatar esa relación tan profunda que aun sigue dándose en muchos lugares del mundo, por desgracia, entre las religiones y los estados. Recordemos, mismamente, que aquí en España, otra nación laica únicamente sobre el papel mojado de su Constitución, hace poco juzgaron al maestro Javier Krahe por un delito de ofensa contra los sentimientos religiosos, que deben ser, por alguna extraña razón, los únicos sentimientos que cuentan con el privilegio de estar protegidos por nuestro código penal, aunque todavía estoy esperando que alguien me explique, eso sí, cómo coño se cuantifica un delito así, y lo que es más importante, cómo se demuestra si se ha cometido o no. La cuestión, en definitiva, es que la influencia de las distintas religiones sobre nuestras vidas, a través de los estados y sus legislaciones, continuá siendo mucho mayor de lo que algunos desearíamos, y no solamente, como vemos, en el mundo islámico, al que tanto nos gusta mirar por encima del hombro desde Occidente por estos asuntos, cuando tanto tenemos que callarnos nosotros aun, al respecto. De todo esto, de la función represora de la religión y sus ancestrales ansias de dominación, de su obsesión por querer imponerle siempre su visión de las cosas a los demás, en definitiva, aunque sea a la fuerza, habla el maestro Serrat, con su tino habitual, en la canción que les traigo hoy, titulada "Los macarras de la moral". Aquí se la dejo a ustedes, para recordarle a quien se tercie que podrán encerrar al hombre (o a las mujeres, en el caso de las chicas de "Pussy Riot"), pero al canto no: http://www.youtube.com/watch?v=eGuGfatSYys |
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