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Hola a todos: como he visto la nueva colección de Catedra y me he sentido implicado (como todos nosotros) de alguna manera, el editorial del 9 de Delirio está dedicado a este tema, muy interesante por otra parte, pero, como tantas otras cosas, en muy malas manos. Si alguien quiere debatirlo, encantado. Saludos.
No estamos solos... ¿o sí? Hace unos cuantos días llegó a mis oídos la noticia de que la prestigiosa (muy prestigiosa) editorial Cátedra, de Madrid, por más señas, iba a sacar a la luz una colección de literatura popular con títulos conocidos en su mayoría pero con unas características que, a priori, los hacían muy interesantes. La colección, que va a recibir un título previsible, Clásicos Populares, será dirigida por Javier Fernández y Ana Ramos, dos supuestos expertos de estos temas. Hasta aquí toda va muy bien y me siento encantado porque nuestra «familia» se amplíe. Hablan de obras de Lovecraft, de Zamiátin, de Hoban, de Pilar Pedraza (¡Pilar Pedraza, como clásico popular!, ¡ay!) y, para el futuro, de Chandler, de Howard (una recopilación —¿otra más?, me dije— de relatos de Conan)... En fin, un «lo de siempre». Eso sí, nos dicen los directores de la colección, en la que llevan trabajando como un par de años, que esta colección no sólo va a ser distinta, sino que va a ser la mejor. Porque, amigos míos, todo lo que los demás llevamos años haciendo es una mierda, para qué nos vamos a engañar: ES UNA MIERDA. Esto había que ponerlo con letras más grandes para que no se le escape a nadie. Entiendo que somos, porque siempre lo hemos sido —estoy hablando de los pobrecillos que hacemos cosas relacionadas con esa mal llamada «literatura popular»—, la hermana pobre del negocio. Nos gustan, enumero para que nadie se piense que estoy hablando en broma, los marcianos, los vaqueros, los detectives, los monstruos, las doncellas en peligro y las bestias de la selva. Nos gustan las novelas del oeste, las del Marte de Burroughs y tambien las de Leigh Brackett, las aventuras de La Sombra y Doc Savage, las historias de El Borak y los relatos históricos de Sabatini. Y nos gusta como vengan, sin paliativos. Bien está que hasta el momento este tipo de literatura ha estado condenada a los quioscos más arrabaleros y a las más nefastas condiciones de un mercado que, en el fondo, no quería estos productos. Pero llevamos unos años de bonanza en este terreno. Las pequeñas editoriales que a ello nos dedi-camos, con mayor o menor fortuna, con mayor o menor respeto, con mayor o menor ahínco, somos enamorados de nuestro trabajo y nos gusta lo que hacemos más allá de lo que nos paguen por ello. No creo que ninguno nos estemos haciendo ricos sa-cando lo que sacamos, pero eso es algo que ha pasado desde hace mucho tiempo con todas las editoriales que han basado su trabajo en el esfuerzo de un pequeño, muy pequeño, grupo de aficionados. Leo sorprendido en la publicidad de la nueva colec-ción, flamante, de Cátedra que por fin vamos a tener a nuestra disposición buenas traducciones de las obras que ellos van a considerar las mejores de cada campo estu-diado. Dicen que vamos a tener por fin verdaderos prólogos hechos por la gente que entiende. Dicen que vamos a poder leer notas al pie hasta el hartazgo explicándonos aquello que nosotros mismos no podemos entender. Supongo que todo eso está, otra vez, muy bien, pero, ¿qué queréis que os diga? ¿Qué queréis que me parezca todo esto? Nosotros, los pobres desgraciados que llevamos años y más años leyendo todo lo que cae en nuestras manos de temas cada vez más peregrinos, que hemos pasado la vida rebuscando en catálogos de libros antiguos, ahorrando como dementes para podernos comprar ese número que nos falta de Arkham House, o ese Weird Tales, Oriental Stories, Famous Fantastic Mysteries o Captain Future que tanto echábamos en falta, aquel número de New Worlds o Science Fantasy, aquel ejemplar firmado de Sturgeon, Merritt, o C. L. Moore, los libros ilustrados de Virgil Finlay o Hannes Bok... nosotros, que hemos perdido y dado la vida por esta afición que a todos nos ha llevado por el mal camino en una u otra ocasión... nosotros, al final, a la postre, no tenemos ni puta idea de lo que hacemos. Claro, si ya me lo decía mi madre que esto no era más que perder el tiempo. Afortunadamente, vienen a salvarnos, pero no sólo a nosotros, sino a todos los que se han interesado por la mal llamada «literatura popular» desde que el mundo es mundo. Por fin vamos a enterarnos de lo que quería decir Lovecraft en sus novelas, o Howard en sus relatos, o Chandler en sus pesquisas. Por fin los ver-daderos entendidos van a meter mano en el cajón, por fin vamos a ampliar el canon y podremos mirar con orgullo nuestras bibliotecas que, hasta ahora, y por lo que he podido leer en la maravillosa presentación de la colección de Cátedra, también esas bibliotecas, eran una mierda (otra más). Porque todo estaba mal traducido, mal pro-logado, mal presentado, mal anotado, era caro, era insustancial, era, para qué os voy a engañar, indecoroso. Está claro que la elite universitaria tenía que acabar metiendo la mano en este terreno, porque ya llevaban mucho tiempo detrás de hacerlo. Pero no con la sana intención de arreglar entuertos o remozar la investigación en un territorio donde todavía queda mucho trabajo por hacer; quieren hacerlo porque es un terreno, o así lo entiendo yo, poco abonado para los críticos de medio pelo que andan por ahí. Yo estoy a favor, más que de la crítica, de la investigación. La crítica es muy sencilla, y la crítica habitual, todavía más (¿se acuerda alguien de mi artículo en este mismo foro sobre la crítica intercambiable?). La crítica analítica, la de verdad, la que saca las raíces verdaderas de las obras, en este caso literarias, indicando cuáles son los funda-mentos, pongamos históricos por decir algo, de lo que estamos leyendo, no lo son tanto. Es más bien muy difícil. Hay que haber leído mucho, perdido muchas tardes comparando diferentes versiones de una misma obra, repasando bibliografías, anali-zando relatos que parecen no tener nada que ver. Cualquiera que haya intentado hacer algo de este nivel se da cuenta en el acto de que es un trabajo casi imposible. Hilvanar frases sin apenas sentido, o que pueden tener sentidos diversos según los casos, es bastante más fácil, porque lo único que hace falta es recorrer caminos muy transita-dos y llegar a los lugares comunes que todos nos tememos y donde cada uno puede poner los suyos. Aquí, la chiquillería, que, no os engañéis, somos nosotros, vamos a ser mirados por encima del hombro, con condescendencia, con desprecio incluso, por aquellos que están por encima de nosotros. Olvidaos... Lo que sabemos no vale nada. Lo que hemos leído no vale nada. A partir de aquí, con las colecciones de las editoriales de verdad (porque nosotros no somos de verdad, somos fantasmas), con los auténticos directores de colección que saben de todo porque son los valedores de la verdadera cultura, con los verdaderos traductores, con todo eso que no somos y que no seremos nunca, ¿qué nos queda a nosotros, pobrecillos? Pues nos queda lo que nos ha quedado siempre: saber que en esto somos buenos, que somos muy buenos, que nunca hemos necesitado apostillas académicas para disfrutar de lo que más nos gusta leer o ver, que no nos hacen falta las etiquetas agusanadas de otros campos para que lo nuestro, por antiguo que sea, siempre sea moderno. Eliminar de la ecuación de la lectura la impro-visación, incluso la mediocridad de muchos textos, es quitarle la gracia al pastel. Si algún día veis que tropiezo en estas piedras, decídmelo, que ese día lo dejaré. PACO ARELLANO |
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Me quito el sombrero, señor Arellano.
Totalmente de acuerdo con ese magnífico y sentido editorial. Pienso, no obstante, que con su pan se lo coman. No se puede uno meter en un terreno que no conoce como si fuera un elefante en una cacharrería, y menos aún ofreciendo al aficionado, en plena época de crisis, algo que YA TIENE, en ocasiones por duplicado o triplicado. ¿Que lo suyo será mejor? Eso tendrán que demostrarlo. De nada les vale ir diciendo que lo de los demás es una mierda, como no sea para ganarse, ellos mismos, la animadversión de muchos aficionados. Cátedra tiene un público, y la literatura popular otro. Ya veremos lo que pasa. Si sacan algo realmente bueno, yo, como apasionado lector, me alegraré por ello y lo disfrutaré. Si, por el contrario, se pegan la soberana hostia, bueno, digamos que no podré evitar pensar en lo innecesarios y poco adecuados que pueden ser la soberbia y el desdén. Como digo, ya veremos. No obstante, el mundillo de la literatura popular es bastante reducido y todo el mundo se conoce. Supongo que Cátedra pretende trascender dicho guetto y llegar a mucha más gente -gente que, de otro modo, jamás comprarían ese material "populachero"-, pero dudo que vayan a conseguirlo. Las "altas letras" llevan siglos mirando por encima del hombro a la literatura popular, hasta el punto de que los prejuicios que han creado han calado muy hondo en el gran público. Por ello, creo que pocos lectores van a poder atraer, más allá de los de siempre. Y esos saben... En fin, felicidades de nuevo por el editorial Un saludo Javier |
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Veamos, señor Conde y señor Arellano: sois unos exagerados...
Los de la colección Letras Populares, de Cátedra tienen que decir "vamos a hacer las mejores traducciones, los mejores prólogos, etc.". No van a decir: "vamos a hacer una puta mierda de ediciones..." Eso no ayuda a las ventas... Paco: el otro día asistí a tu interesante charla sobre la influencia de la literatura pulp en Promethea y Tom Strong de Alan Moore, que estuvo muy bien, dicho sea de paso. Espero que la publiques en algún número de Delirio. Antes que tu hablaron en el Paraninfo del Edificio A de la Complutense los dos que mencionas, Javier Fernández y Ana Ramos (que son pareja, por cierto). Ella habló sobre "El Peter Pan de Alan Moore" y él habló de la influencia de los comics de la EC en la obra de Alan Moore. Pero creo que no los oíste, vosotros (Amparo y tú) llegasteis en el descanso de la sesión y solo oísteis al que habló del cómic Lost Girls, de Moore (aunque tú te saliste un rato) Los dos estuvieron muy bien, demostrando que entienden de esos asuntos y que se habían preparado las charlas. Ella, además, acaba de publicar una nueva traducción de Peter Pan también en Cátedra (son técnicos editoriales de esa editorial). No creo que ellos (u otros) hayan desdeñado a otros editores, como por ejemplo a vosotros, La Biblioteca del Laberinto y Barsoom. No es ese el caso. El caso es que desde el mundo académico hay una reivindicación de la literatura popular y de los cómics. Hace unos días hubo un congreso sobre cómics en la Universidad de Alcalá de Henares, semejante al congreso sobre Alan Moore en la Complutense. Pero esa reivindicación tiene varias lecturas, una de ellas responde al hecho real de que se trata de un material que debe ser estudiado. En ese estudio de la literatura popular nadie va a deplorar la existencia de editoriales como las vuestras. Luego está la segunda lectura. Los "académicos" se quedan sin material de estudio: ¿pueden volver a realizar nuevas tesis doctorales sobre Cervantes, Lope de Vega, Clarín, Cela, Delibes, etc? No, ya está todo dicho y redicho. ¿Pueden sacar nuevas ediciones críticas de el Poema de Mio Cid, de la Celestina? No: ya hay abundantes ediciones de esas. Por eso miran a su alrededor y ven la "literatura popular" y los académicos ven ahí un nicho de estudio y de investigación. Por eso sacan esas ediciones críticas y se hacen tesis doctorales sobre estos asuntos. Además eso les puntúa en la "carrera académica" (la que os aseguro que es extremadamente feroz...). Fernando Moreno (tu anfitrión, Paco, en el Congreso sobre Alan Moore) ha realizado la edición crítica de la novela "Nosotros" de Zamiatín. Eso le puntúa para los sexenios de investigación de la ANECA, para el curriculum vitae para cuando pueda acceder a una plaza fija (ahora mismo es profesor contratado de la UCM, no es personal fijo). Pero todo esto que cuento no es malo: es bueno que el mundo académico se fije en la cultura popular. Y me alegro que F. Moreno pueda usar su afición a la ciencia ficción en su tarea profesional como docente de teoría de la literatura y en conseguir la plaza fija. Es bueno que salgan colecciones como "Letras populares", es positivo que se hagan congresos universitarios sobre cómics, sobre Alan Moore, etc. Precisamente estando en el Congreso el lunes 21 de noviembre en el momento del descanso en las charlas de la tarde me fui a la librería de la Facultad y ante mi asombro ¡pude comprar allí "Symzonia" y "El rebelde"! En esa librería nunca ha habido ese tipo de títulos, os lo aseguro... Y tengo que decirte Paco que hiciste mal en irte a tomar un cafetito (me imagino) y no escuchar completa la charla del fulano que te antecedió porque te perdiste uno de esos momentos que yo jamás creería que vería en el Paraninfo del Edificio A de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense: Una diapositiva en un power point con un dibujito de Dorothy (de El Mago de Oz) ¡masturbandose...! Eso viene en el cómic de Lost Girls de Alan Moore, como ya sabéis. Pero es que no os imagináis lo que significa el Paraninfo en el que se celebró el Congreso. Es "el Paraninfo", es una institución en la UCM. Aquí han hablado los próceres académicos del franquismo, todas esas autoridades entre fascistas y académicos... y que en un congreso sobre un guionista de cómics se ponga una diapositiva con viñetas donde una señorita se masturba es algo tremendo, de verdad. Bueno, os lo repito: no os hagáis "mala sangre" con el hecho de que el mundo académico ahora se fije en la literatura popular: eso es positivo para todos. (Otra cosa cosa es que un fulano en el Congreso de Alan Moore se puso a hace un estudio con el método lacaniano sobre las relaciones entre Ozymandias y Rorschab: me tuve que contener para no echarme a reir... Saludos José Vicente |
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Estoy de acuerdo en gran parte con lo manifestado por los Sres Arellano y Conde Vargas. Sobre todo en que dudo que se vayan a descubrir demasiadas obras nuevas e "inencontrables" como hacen Barsoom y Laberinto. Las editoriales tradicionales priman necesariamente los dividendos sobre el espíritu combativo bregado en la lucha diaria del mercadillo de segunda mano, por lo que supongo que la tendencia será a volver sobre los caminos ya trillados de los autores "clásicos" del pulp, dando "más de lo mismo" en otro formato y volviendo a repasar lo ya elaborado como con El cantar de Mío Cid. Personalmente, estaré pendiente de lo que puedan editar, pero me temo que mi corazón, mi bolsillo y mi interés principal estará con los "clásicos" editores del pulp para coleccionistas con espíritu de aventura.
Un abrazo a todos. Nacho |
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