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Heidegger mora
desde La galería de las sombras
-- Jueves, 21 de Diciembre de 2006 a las 13:31.
Reflexiono en estos momentos acerca de las relaciones entre bohemia y dandismo. A ello me ha conducido la lectura de "Diario (1935-1944)" del desventurado Mihail Sebastian.
A través de sus tempestuosas e incluso traumáticas relaciones con su, a veces, amigo Mircea Eliade se van conformando dos tipos humanos que en ocasiones intiman por los mismos senderos y a veces se oponen de forma irreconciliable. Podríamos entrever intereses estéticos similares, perturbaciones compartidas e incluso mutua admiración. Pero un témpano helado a modo de angustia separa sus actitudes existenciales. Para Eliade nada de lo que es en el mundo se halla exento de fascinación. Todo objeto, materia y sustancia queda sublimada por su pensamiento de asceta. Eliade proyecta lo fenoménico y lo "expulsa" de la realidad sensible, lo convierte en metafísico. Teofanizando sus vivencias hace frente al esplín de lo cotidiano, lo exorciza en una espiral ascendente que apunta en última instancia a inmutables arquetipos ideales y eternos. El hombre repite lo que los dioses hicieron en un tiempo originario y por tanto más valioso que el actual. Así se sustraen al tedio constante que aplasta sus vidas: el hombre se mitolologiza cuando en su interior cobra forma la idea de ser un dios y el insulso acto de todos los días cobra la belleza del gesto cosmogonizador. El dandy que es Eliade se "recrea" sin cesar, "renace" una y otra vez bajo nuevas formas, es "creación que retorna". Para Sebastian la belleza es trágica; una tragedia que lo atrae hacia la fatalidad. También le fascina el mundo, pero "este mundo" en su irreductible originalidad. Nada existe como reflejo de un arquetipo, nada es copia de un modelo de perfección. Su concepción de las cosas resulta menos grandiosa pero a la vez más sutil: encantan por sí mismas, con sus asperezas y rugosidades, en su insalvable finitud. Pero ahí radica el drama del bohemio: ¿cómo hacer frente al desgaste del tiempo sin sucumbir al nihilismo? Nietzsche responderá que con la sabiduría trágica que concede Dionisos: el tiempo provoca la muerte que es posiblidad de vida nueva. La eterna renovación de la belleza sólo se logra a través de la muerte perpetua. El bohemio sólo puede inclinarse ante ella y maldecir la fortuna que le concede. El bohemio reconoce el límite posibilitante del tiempo-muerte sin el que ninguna belleza sería. El dandy no; él quiere sobrepasarlo porque en su ideario la "pura belleza" está más allá de la muerte y del tiempo. Para Eliade el mundo es hierofanía, para Sebastian tragedia. La angustia en Eliade es por no alcanzar nunca el ideal inalcanzable. La angustia en Sebastian es por alcanzar siempre el límite abarcable. |
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